Muy de cuando en cuando a la luz de la luna llena se oye el aullido de algo aterrador. Demasiado fuerte para un lobo,es algo nuevo y horrible que habita en los bosques.
Ella lo desconoce por completo,se hidrata frente al espejo la su piel blanca, se recoge el cabello pelirrojo en una coleta, se calza sus deportivas y sale por la puerta de su casa, una casa a la que nunca va a volver. No sabe quién,pero alguien le dijo que si te juntas crema hidratante antes de salir a correr ayudas a la eliminación de toxinas,casi siempre se creía toda habladuría sobre el cuidado corporal. Su cara era la prueba viviente de ello, lisa, sin una arruga y blanca,la cara de una muñeca. Salía todas las noches a correr un par de vueltas a la manzana,pero aquella noche decidió ampliar sus fronteras y adentrarse en el bosque.
Curioso el bosque de noche, los búhos recortados con la luz de la luna, sombras chinescas que hacen parecer lo que no es.
Su respiración es tranquila,lo tiene dominado, tomar aire por la boca y expulsarlo por la nariz,como una maquinaria lo va realizando sin cuestionarlo.
Pero su perfección se ve interrumpida por algo, una pequeña ardilla despellejada en mitad de un claro del bosque.Ella se detiene y mirar el pequeño cadáver horrorizada, las ardillas,esos pequeños animalitos con tan poca esperanza de vida podían servir de alimento para cualquier animal depredador. Lo que la inquietó aún más fue el crujir lejano de una rama, algo se estaba acercando,a sí que se propuso retomar su carrera y aumentar la velocidad.
No quiso asustarse aún más,pero el sonido que había escuchado antes la seguía, escuchaba como un pesado pero veloz cuerpo corría en el bosque, por más que ella acelerase el cuerpo no parecía alejarse,corría más que ella.En un descuido se enganchó el piel en una raíz de una secuoya y cayó al suelo,intentó ponerse en pie de inmediato pero se había torcido el tobillo,¡qué típico!. Lo que le seguía estaba tan sólo a unos pasos de ella, le había dado caza. Se volvió con toda la velocidad que pudo para mirar a la criatura de frente y lo que pudo ver bajo los rayos de la luna no le gustó nada. Una criatura deforme, con un hocico largo, una pequeña nariz negra, unos largos y grandes colmillos,unas orejas puntiagudas. Mitad humano mitad lobuno, sin duda un hombre lobo, tenía la espalda encorvada con la columna prominente. La criatura se le acercó, jadeante, un espeso vaho le salía de la boca, las babas caían al suelo,estaba claro que iba a matarla allí mismo. Ella no era supersticiosa ni creía en esas cosas, pero sus ojos no la engañaban,un hombre lobo como en las películas,un hombre lobo iba a destriparla y a comerse sus entrañas. Pero tenía la opción de sobrevivir hasta el amanecer, algo desde luego ilógico en su estado.
La criatura se impulsó sobre sus cuartos traseros y se abalanzó sobre ella, con un grito de terror intentó escaparse de él, pero las garras le tenían prisionera en sus ropas. El aliento fétido de la criatura le caía directamente sobre la cara y le deban arcadas,la criatura abrió la boca para acabar rápido con su vida, pero entre la tierra del bosque,con las manos a tientas,consiguió encontrar una piedra y sin dudarlo ni un momento le asestó una pedrada en la cara. La bestia gimió y retrocedió sorprendido, ella tenía las manos manchadas de sangre del hombre lobo,había conseguido alcanzarle en uno de sus ojos. sin pensárselo dos veces, se levantó como pudo y echó a andar, el tobillo la estaba matando,pero había visto en aquella piedra un rayo de esperanza. Pero la esperanza duró poco ya que la bestia volvía a la carga. Ella escuchaba el jadear del lobo chocando en su nuca, apretó con todas sus fuerzas para poder correr más,pero estaba cargando todo sus peso sobre un tobillo torcido y no tenía la suficiente velocidad. La criatura volvió a alcanzarla, sus garras se entrelazaron en su pierna derecha y comenzó a sangrar, ella cayó por un terraplén dando tumbos. Cuando llegó al suelo la boca le sabía a sangre,le dolía el abdomen y no podía moverse. Levantó la cabeza y no vio al lobo,lo que vio la sorprendió, un lago. Se arrastró por el suelo,clavándose todas las piedras puntiagudas a su paso, tenía una gran herida en la palma de la mano, la cabeza le daba punzadas pero siguió arrastrándose, quizá si permanecía en el lago el lobo no la encontraría, pero para su desgracia, el lobo apareció en un montículo de tierra su derecha, su silueta recortada contra la luna era escalofriante, se impulsó todo lo rápido que pudo y se metió en el lago. El agua estaba helada, la notaba con cuchillas cortándole allí donde tenía heridas sangrante, lo único positivo era que podía nadar más rápido de que lo se había estado arrastrando. Pero no sirvió de nada, la bestia de un salto aterrizó al lado suya en el lago formando una gran ola que inundó la boca de la chica, un grito de auxilio desesperado salió de dentro de sus pulmones. El lobo se echó encima de ella, empujándola hacía el fondo,los hilos de sangre se desprendían de su cuerpo con elegancia,simulando ser unas cintas de gimnasia rítmica. Ella desesperada comenzó a patalear bajo el agua, necesitaba aire, sus pulmones se estaba llenando de agua y al contrario de lo que pensaba, iba a morir ahogada. Pero de repente la bestia dejó de empujar hacía abajo y ella salió hacia la superficie rápidamente. Comenzó a toser y a expulsar todo el agua que había tragado. La bestia la miraba impasible, ¿qué estaba tramando? ,sin pensárselo dos veces comenzó a nadar hacía la orilla, el pelo pelirrojo lo tenía pegado en la cara, cada movimiento que hacía le dolía un barbaridad, pero su instinto de supervivencia era más fuerte. Notaba la adrenalina fluir por todo su cuerpo. Por fin llegó a la orilla y se dejó caer, de repente y sin poder controlarlo comenzó a llorar, las lágrimas afloraban por sus ojos,iba a morir y nadie estaba para allí para impedirlo. La bestia surgió del agua a su lado, la cogió de un pie y la sacó hacia un claro bosque, la cabeza de la chica pelirroja chocó contra una roca,y deseó que ese roca la hubiera matado ya, o que la hubiese dejado inconsciente,pero no,estaba presente. La criatura le arañó de un zarpazo el abdomen y la sangre comenzó a surgir rápida y fluidamente. Estaba caliente. La chica notó con los colmillos de la bestia se aferraban a su cuello, eran duros y fríos,y como cuando te pinchan con una jeringuilla,notó como los colmillos se introducían en su cuello y la velocidad del relámpago ya le había seccionado la carótida.
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