domingo, 4 de agosto de 2013

¿Por qué?

Quería encontrar una imagen de esto, pero me ha salido ésta imagen y me parece más correcta:


jueves, 27 de junio de 2013

27/06/13

Verano. Ya. Aquí y ahora. Estoy libre de cualquier deber que me impida disfrutar de la vagueza extrema que supone estar de vacaciones de verano. Porque siendo honestos: a mí me da pereza hacer cosas cualquier día del año, pero más pereza me da hacerlas en verano.
Sudar es una puta mierda. Aunque, reconozco que sudar para perder grasa está tremendamente bien.
Había pensando hacer algún plan, como unas reglas, que seguir este verano y no caer en la monotonía. Como qué series ver y cuándo, acabar con mi interminable lista negra de películas o leer todos los libros que tengo pendientes. O por qué no: apuntarme a natación.

Pero he llegado a la conclusión que todas esas cosas son una mierda, y no sé cómo ni por qué, lo que claramente necesito, es un enemigo.

miércoles, 12 de junio de 2013

Horóscopo Ojala: El regreso.

Ni me voy a molestar en calcular cuánto tiempo hace que no hago ningún horóscopo para mi blog, pero chicos, que he estado cegado para los astros.
Miraba al cielo y lo único que veía era oscuridad o estrellas. (Y nubes, muchas nubes). Total, que he intentado ponerme en contacto con las grandes esferas pero no me cogían el teléfono. Así que cansado de esperar, he decidido inventármelo pedirle ayuda a Íker Jiménez.

En otras ediciones predecía el futuro inmediato para él y para ella, pero renovarse o morir, esta vez será una predicción por signo.


  • ARIES: No hay suficiente ginebra en el mundo, cariño.
  • TAURO: Enhorabuena, vas a trabajar en el chino de tu barrio.
  • GÉMINIS: Ten cuidado al cambiar de acera, hay muchos coches y puede ocurrir una desgracia.
  • CÁNCER: El día de la bandera el amor te llegará.
  • LEO: Ese trabajo que tanto te amarga te dará una buena recompensa: el finiquito.
  • VIRGO: Serás lo máximo en todo lo que te propongas. Y guapo y Rey y todo.
  • LIBRA: Júpiter entra en tu casa astral. Cierra la puerta con llave, copón.
  • ESCORPIO: Te invitan a una boda... roja.
  • SAGITARIO: Lloviendo y sin paraguas.
  • CAPRICORNIO: El signo de tu zodiaco, la cabra con grandes cuernos, te representa muy bien.
  • ACUARIO: Unfollow en Twitter.
  • PISCIS: Como pez en el agua... evítala. 
Y hasta aquí el horóscopo de esta ¿semana? ¿Mes? ¿Año?
No lo sé y la verdad que no me importa. Me voy, que estoy en casa de Íker y Carmen ha preparado ya la comida.

martes, 21 de mayo de 2013

She's trying to kill me.

Se pasó la mano por el flequillo, se conservaba extremadamente bien para tener 42 años. La cara inmaculada no dejaba ver ninguna expresión de la edad y sus ojos azules, junto a sus cabellos rubios, adornaba el conjunto muy bien. Una mujer hermosa.
La señora White acababa de sentarse en el sillón de la consulta de su psiquiatra, el Doctor Thruman. Acudía religiosamente todos los Miércoles a las diez y media de la mañana.
El Doctor Thruman le sonrío y abrió su libreta roja. Era mayor que ella, tenía sus redondas gafas en la puta de su larga nariz y sus ojos marrones se movían rápidos. Su canosa cabellera hacía juego con su traje de color gris.
-Mi hija ha intentado matarme- le espetó la señora White a su psiquiatra. La señora white, de nombre Lila, era una mujer impulsiva y con gran temperamento.
El doctor se sobresaltó, escribió unos ligeros apuntes en su libreta roja y miró a su paciente. La señora White se agarraba a los brazos del sillón con fuerza, hoy llevaba las uñas de color rojo a juego con su falda. La blusa de color blanca tenía un bonito escote en el que era fácil perderse y, ese día, había decidido adornar su cuello con un delicado pañuelo.
-¿Qué quiere decir?- Preguntó él incrédulo.
-Quiero decir-, dijo Lila quitándose el pañuelo del cuello - que ha intentado matarme.
Un gran arañazo se escondía debajo del pañuelo que la señora White había escogido cuidadosamente para taparlo. Acompañó esa prueba desabrochando los botones de la manga derecha de su blusa y subiendo la tela unos centímetros. Presentaba un arañazo similar al del cuello, pero éste, más profundo.
-¿Qué le ha pasado?- El doctor Thruman se movió incómodo en el asiento.
-Mi hija ha intentado matarme, ¿no escucha cuando le hablo? Creo que debería hacerlo ya que para eso le pago, una muy buena cantidad por cierto.
                                                                  ***
Alicia White, independiente, libre pensadora, callada y reservada. Años luz de su madre. Se sentó a la mesa a la hora de cenar, Lila White estaba sentada frente a su hija.
-Llegas tarde.-
Clara asintió y se pasó el pelo pelirrojo por detrás de las orejas. Era menuda, con la piel blanca y la cara llena de pecas, tenía los ojos verdes como lo de su padre. Algo que Lila white no para de repetirle. "Tienes los ojos de tu padre".
-Te he hablado, contéstame-. Lila White miraba altiva a su hija.
-No es una pregunta-, le dijo su hija- pensé que no tenía que contestar.
El sonido de las agujas del reloj llenaban los silencios incómodos de madre e hija.
-Cuando tu madre te habla, debes contestar. Ten eso siempre presente, Alicia-. Lila White cogió su vaso de agua y dio un sorbo. Su hija tenía la mirada fija en ella, esos ojos verdes que tanto odiaba. Tragó el sorbo de agua y cerró los ojos, murmuró algo para sus adentros.
-Da gracias, Alicia, por la comida que nos vamos a comer.
Alicia cerró los ojos sin decir nada, aquello era algo de su madre que odiaba completamente. A decir verdad, odiaba mucho a su madre. Más de una vez había deseado que muriera y dejar de ver su fea cara para siempre.
Ambas comenzaron a cenar, una sopa de cebolla que Lila había preparado rápidamente. Para ser honestos, Lila White no era buena cocinera, de hecho, odiaba la cocina, pero la hora de la cena era sagrada para ella.
No hablaban y casi ni se miraban. Se notaba la gran tensión que separaba a madre e hija.
-Alicia-, Lila depositó con cuidado su cuchara sobre la servilleta - ¿puedes hacer el favor de sentarte correctamente?
Alicia enderezó la espalda y apoyó las manos en su regazo.
-Parece mentira que con quince años aún no sepas cómo debe comportarse una señorita en la mesa-
La joven no quiso replicar, se guardó su temperamento, como hacía siempre. Prefería no dirigirle la palabra a su madre al menos que no fuera necesario.
-Podrías darme las gracias, al menos- comentó su madre con un deje de indignación.
Alicia miró a su madre con esa mirada que sabía que la desquiciaba tanto.
-Gracias, Lila-
Su madre se pasó la mano por el flequillo rubio, un gesto que la caracterizaba. Le exasperaba que su hija la llamara por su nombre.
-No vuelvas a llamarme por mi nombre.
Alicia sonrió y siguió con la sopa, decidió acabar cuanto antes la cena, no deseaba pasar más tiempo del necesario con su madre.
-¿Por qué no puedes comer bien, por Dios santo?- Lila estaba horrorizada al ver como su hija se tomaba la sopa. Con grandes sorbetones y sin utilizar la servilleta, le pareció repugnante. -Yo no te he enseñado a comer así.
Alicia terminó de comer, se levantó de la mesa y dejó el plato de sopa vacío en el fregadero. Sus cabellos pelirrojos, alumbrados por la lámpara de la cocina, adquirieron un color muy parecido al fuego.
-Siéntate-. Le ordenó su madre - Aún no hemos terminado la cena.
-No tengo hambre.- Le replicó su hija,- puedes comerte mi parte.
Alicia comenzó a andar hacía la puerta de la cocina y su madre se levantó de su silla con un gran estruendo.
-Alicia White, no te atrevas a salir por esa puerta sin haber acabado de cenar.
Lila White estaba histérica, no había nada que le fastidiase más que un comportamiento diferente al que estaba acostumbrada.
Su hija la miró con aquellos ojos verdes y le dio la espalda, salió de la cocina, salió al pasillo y rápidamente comenzó a subir las escaleras.
-¡Alicia!
Su madre corrió detrás de ella, sus tacones resonaban contra la madera de la casa, subió los escalones de dos en dos. La escalera estaba adornada con innumerables fotos de Alicia. Se podía ver gráficamente el paso de los años.
La chica llegó a su habitación antes que su madre y cerró la puerta.
Lila White llegó justo unos segundos después, intentó girar el pomo, pero su hija lo tenía sujeto por el otro lado impidiendo así que pudiese entrar en la habitación.
-Alicia White, ábreme la puerta ahora mismo.
No paraba de aporrear la puerta con los puños.
-Alicia, abre. ¡Alicia!

domingo, 14 de abril de 2013

Cordero

Te escribo a ti, querido amigo, porque tengo algo que contarte y sé que tú y sólo tú serás capaz de entenderme.
He tenido un sueño de lo más extraño:

Caminábamos por las grandes tierras andaluzas, rodeados de polvo y de incertidumbre. Mi barraca y yo.
Llegamos a una gran casa andaluza, pero parecía abandonada.
Sentía una opresión en mi pecho, ya sabes que como director tengo que estar al cuidado de mi gente. Mis niños, como me gusta llamarlos. De ninguna otra manera hubiera intentado entrar en esa casa, pero teníamos hambre y no la suficiente comida para alimentarnos a todos. Aunque, los sueños, sueños son, creo que lo volvería hacer en la realidad.
Me adelanté, tomé la iniciativa y les dije que me esperaran en la carretera polvorienta al pie de la casa.
Sigilosamente me aproximé a la puerta principal, la pared era blanca y se notaba el paso del tiempo. Me atreví a tocar en la fina puerta de madera, pero no contestó nadie. Divisé, justo al lado de la casa un pequeño granero y caminé hasta él. Estaba vacío, con el suelo lleno de paja, los débiles rayos del sol entraban por el techo de madera, entre sus finas rendijas.
Pero no estaba solo en aquel granero, había un pequeño corderito. No mediría más de tres palmos y en cuanto me vio corrió hacía mí emocionado. Se ve que estaba acostumbrado a estar acompañado del hombre. Me agaché y comencé a acariciarlo, su lana, aunque joven, era suave y mullida al tacto.
Pensé en buscar por el granero por si podía encontrar algo de pan y con suerte queso, pero erré en mi búsqueda. De repente, algo sucedió: una piara de cerdos enormes y negros entró en el granero rodeando al pequeño cordero. Me quedé atónito mirando los acontecimientos. Si te soy sincero no lo vi venir, y si lo hubiera visto, no sé si hubiera intentando hacer algo.
Los cerdos, enormes ellos, empezaron a despedazar al pobre cordero. Nunca había visto nada igual. Horrorizado, me llevé la mano a la boca. El pobre cordero no hizo nada para defenderse, no emitió gemido o ruido, simplemente se dejó hacer.

Creo que el significado del sueño es bastante claro. Me he visto como el cordero. Yo soy el cordero, querido amigo. La muerte es inevitable y le he mirado a la cara en sueños.
Creo que serás el único que le encuentre el mismo sentido que yo.

                                                                                                                              Siempre fiel:
                                                                                                                              Federico.

Inspirado por Federico García Lorca.

lunes, 4 de marzo de 2013

Negro

Negro, el peor color de todos. Me gusta el negro, no lo voy a negar. De hecho, visto de negro, toda mi ropa es de color negro. Pero no sé, quizás y sólo quizás, estaría bien vestir de blanco. Incluso vestir de morado. Azul, puede, puede que rojo. Rojo rabia. Pero yo voy de negro.
Llego a la oficina, están todos, todos los colores. Nos asignan nuestro trabajo de hoy. Abandonamos el edificio.
Andamos rectos y sin titubear, cada uno sabe dónde tiene que ir. Yo, negro, vestido con una gabardina, un traje, zapatos y maletín negro, tengo que dirigirme a unos pisos cercanos.

Estoy en la puerta de mi objetivo, una puerta de metal pintada con colores que hacen que parezca de madera. Pico el timbre. Al instante abren lo puerta. Estatura media, pelo rubio, flequillo. Pechas, labios finos y ojos marrones, diría que huele a canela. No me ve, pero yo ya estoy dentro.

Llevo bastante rato observándola, es una mujer nerviosa que no para de moverse por toda la casa. No para de mirar el móvil, parece muy frustrada. 26 años, acaba de dejarlo con su novio. Él la engañó con su mejor amiga.
Comienza a llorar y tomo partida, me siento junto a ella en el sofá. Como es obvio, no nota mi presencia.
-Hazlo- le susurro al oído, y puedo notar perfectamente como un escalofrío recorre su cuerpo. -Hazlo y cúlpalo a él por ello.
Se sorbe los mocos y se pasa la mano por la cara para limpiar las lágrimas. Coge el móvil rápidamente y marca un número de teléfono. Nadie responde, lo tira al suelo frustrada mientras comienza a llorar con más fuerza. Va a la cocina y abre el cajón de los cubiertos. Se queda mirando el cajón con los ojos como platos, no aguardo ni un segundo y me coloco detrás. No se atreve, pero ya lo hago yo. Cojo su mano despacio, sin brusquedades y la introduzco en el cajón. Voy a por el cuchillo más afilado, pero ella se asusta, forcejea y al final desisto.

Está preparándose para ducharse. La bañera se llena de agua caliente. Se ha pasado toda la tarde llorando, mirando la tele y llorando. Me pareció algo estúpido, atar de esa manera tu vida a la de otra persona. No poder dormir, no poder comer si no estás con ella. Llegar, incluso, a querer morir.
Comienza a desnudarse, aparto la mirada algo avergonzado. Es extraño, porque no debería sentirme así. El espejo del baño ya está empañado y ella se sumerge en el agua de la bañera, hirviendo, poniendo muecas. En la mano lleva una cuchilla de afeitar, no he tenido que convencerla para ello.
Permanece sumergida bastante rato y ya es cuando yo tomo parte, meto mi mano en la bañera, rozo sus muñecas, son suaves.
Un corte limpio y rápido, por encima de las muñecas y la bañera se ha llenado de sangre antes de que me de  cuenta. Pero se asusta, se asusta y se levanta horrorizada. Comienza a llorar horrorizadamente y se enrolla las muñecas con papel higénico.

Está llorando en el sofá, lleva el albornoz puesto. Y yo me estoy quedando sin tiempo, tiene que pasar ya.
Me acerco, susurro, al principio no noto nada pero luego noto que se mueve. Se levanta, con la cara hinchada y mira por balcón.
Es la única solución, le digo.
Y sin créermelo abre la ventana: se incorpora en la barandilla y deja caer su cuerpo.
Oigo un frenazo y el sonido de una alarma del coche.
He acabado.

domingo, 24 de febrero de 2013

Mi lista, lista, de los Oscars

En un principio iba a hacer la lista en papel, de manera cuqui, hacerle una foto y colgarla en Twitter. Pero me he dicho: "Oyes, que tienes el blog abandonado" Y aquí estoy.

Otros años ni si quiera me molestaba en seguir las nominaciones y en ver las películas. Pero este año, oh este año ha sido diferente. Me he molestado en interesarme por las películas nominadas, me he molestado en descargarlas en ir al cine a verlas.
Y bueno, no me va a solucionar la vida esto, pero es algo por lo que he mostrado interés. Y creedme, hace meses que no muestro interés por nada.

Sin más dilación, mi quiniela:


  • Mejor película: La vida de Pi.
  • Mejor director: Ang Lee.
  • Mejor actor principal: Joaquín Phoenix.
  • Mejor actriz principal: Emmanuelle Riva.
  • Mejor actor de reparto: Christoph Waltz.
  • Mejor actriz de reparto: Anne Hathaway.
  • Mejor película de habla no inglesa: Amor.
  • Mejor guión original: Amor.
  • Mejor guión adaptado: Argo.
  • Mejor montaje: Argo
  • Mejor fotografía: La vida de Pi.
  • Mejor corto de animación: Paperman.
Y eso es todo, vale que no he visto todas las películas de todas la categorías. Y en mi quiniela hay algunas que no se tocan, pero creo, y además admito, que es una quiniela-lista de deseos.
También me he dejado categoría sin querer adivinar porque me importaban muy poco.

jueves, 7 de febrero de 2013

Kbar Blu I


PROLOGO


Caminamos muy juntos en fila. Un montón de niños y niñas nos vamos. El pasillo es oscuro y estrecho, como todo lo que hay bajo tierra. Las paredes son de tierra y gracias a las pequeñas lámparas que cuelgan del techo, puedo ver las diminutos piedrecitas que están acopladas a la pared. Me sudan la manos, pero aprieto con fuerza la mano de Lyanna.
A ella no parece hacerle mucha gracia porque mueve sus deditos entorno a mi mano, pero me aseguro de darle un apretón para que sepa que toda va bien.
En ciertas ocasiones se produce un pequeño temblor y un poco de polvo cae del techo. Todos nos paramos en seco y aunque nadie diga nada, nos asustamos bastante.
Miro un instante a madre, que nos mira a mi hermana y a mí con el corazón en un puño.
Casi literalmente.


jueves, 17 de enero de 2013

The Maze

Aún suena el pitido. Me paso las manos por los pantalones para secar el sudor, me llevo la mano derecha al bolsillo de la chaqueta para comprobar si la navaja está guardada en su sitio. Ahora me arrepiento de no haber escogido otra arma más imponente. Me adelanto hasta la puerta y agarro el pomo con la mano izquierda. Otra vez vuelvo a comprobar que la navaja no se haya movido, por alguna extraña razón tengo miedo de perderla.
No echaré para nada de menos la pequeña habitación. La cama es extremadamente incómoda y las sábanas raspan, además, tanta oscuridad me pone los pelos de punta.
De repente me doy cuenta de que el pitido ha dejado de sonar, el corazón me da un vuelco y abro la puerta de golpe. Salgo a un pasillo poco iluminado, con altas paredes y un alto techo, recubierto con baldosas de color verde oscuro. Un verde oscuro que parece negro cuando las pequeñas lámparas no iluminan la estancia.
¿Cuándo ha dejado de sonar la alarma? ¿Iré muy rezagado?
Me pongo a correr como alma que lleva el diablo, el pasillo no cambia de rumbo y sigue en linea recta, de repente, una intersección. Me decido a girar hacía la izquierda. Un pasillo sin salida donde al final hay una puerta. Es casi tan alta como las paredes que forman el pasillo, giro el pomo de metal y la abro.
La estancia es amplia pero está vacía, de repente, un engranaje se acción y escucho un ruido. Tengo los rápidos reflejos de cerrar la puerta a tiempo. Miro horrorizado con tres grandes puntas súper afiladas se han clavado en la puerta. Me he librado por los pelos.
-¡Eh!- me giro sobresaltado y veo al principio del pasillo un hombre bastante alto. No sé cuántos años tiene, pero con esa altura, me siento minúsculo al lado suya.
Tensa el arco, tiene una flecha afíladísima apuntandola hacía mí. Y dispara. La flecha sale volando y no puedo hacer nada, noto como se me clava en el brazo derecho.
Es algo rápido, noto como una presión me inunda el brazo, noto la sangre salir disparada y noto como la flecha rebota contra mi cuerpo. Sólo de imaginármelo una angustia recorre mi cuerpo y caigo al suelo.
Me quedo totalmente helado, decido dejar de respirar, pero no da resultado. La herida del brazo me duele demasiado.
-¡No te lo daré!- no sé lo que estoy diciendo, creo que empiezo a delirar por el dolor. Si le hago ver que tengo algo valioso no me matará sin pestañear si quiera -Lo que había detrás de la puerta . Me lo quedaré incluso muerto.
Gira la cabeza y su pelo color negro refleja la luz de una lámpara cercana. Creo que no me ha entendido, no hablará español.
-I keep it- le digo. Ojalá hubiera aprendido más inglés en la escuela. Me retuerzo de dolor y él hombre empieza a andar hacía mí. No me puedo creer que haya colado. Intento mover el brazo derecho pero un ramalazo de dolor me recorre el cuerpo. Como puedo, llevo la mano izquierda hasta el bolsillo de la chaqueta. El hombre sigue apuntándome con las flechas y ya está casi a mi lado. Cojo la navaja en la palma de la mano izquierda y la cierro con fuerza. Tengo que concentrarme para saber qué decir. La cabeza me palpita y noto la vena de mi frente muy hinchada.
-This is- articulo entre gruñidos - This is importan.
El hombre se agacha, y no sé cómo, me impulso del suelo. Acciono la navaja y se la clavo en el ojo. Es una sensación extraña, es como clavar un tenedor en una gelatina, pero algo más duro. Con la misma velocidad que se lo he clavado, lo saco. Él se lleva la mano a la cara machada de sangre y comienza a gritar. Dice algo que no logro entender. Y con la misma velocidad e iniciativa que antes, agarro la navaja con fuerza y se la clavo en la mandíbula. Justo por debajo. Atravieso la piel y creo que también la lengua. No sé por qué pero tenía la impresión de que la piel estaría más dura, pero estaba equivocado.
-Son of...- tartamudea antes de caer de espaldas.
Estoy bañado en su sangre, intento ponerme en pie pero mi brazo derecho falla. ¿Desde cuándo tengo tan buen manejo del brazo izquierdo? me siento sorprendido.
Otra vez me vuelvo a resbalar pero esta vez a causa de la sangre. Decido arrastrarme por el pasillo para salir de ese pozo sangriento. He optado por no coger el arco y las flechas, no tengo la suficiente maña y puntería para que me sean utilices, además, tengo el brazo derecho totalmente inutilizado.
Me llevo la mano izquierda a la herida y presiono. Intento no gritar pero un sonido parecido a un maullido de gato sale de mi boca. Creo que me siento algo avergonzado, pero nadie puede oírme.
Escucho a lo lejos un chillido aterrador, creo que humano, y me siento completamente indefenso y asustado.