Lo que también me fascinaba era como se rodeaba de gente. Tenía algo, una especie de magnetismo que atraía a personas de todo tipo para estar con él. Se rodeaba siempre de un número simétrico de personas. Si salía con un grupo de amigos, siempre había la misma cantidad de chicos que de chicas.
Le encantaba esa curiosa casualidad, aunque no existía como tal. Él se encargaba de estar rodeado a su antojo; simple maestría cómo podía calar en una persona. Me gustaría decir que no me pasó a mí, pero estaría mintiendo. Maldito jugador, qué bien sabía. Comentando, adulando, engatusando, llegando a ti cuando menos te lo esperabas. Implantándose como el más listo de los virus. Un simple pestañeo y ya estaba dentro.
El perfecto villano; la mejor de las falsas sonrisas; la caricia más fría; el beso más amargo, o todo o nada. Me gustaba imaginarlo como un mapa de una línea de metro circular. Con las personas dando vueltas una y otra vez sobre él: hasta descarrilar; esa enfermiza simetría.
simetría.
2. f. Biol. Correspondencia que se puede distinguir, de manera ideal, en el cuerpo de una planta o de un animal respecto a un centro, un eje o un plano, de acuerdo con los cuales se disponen ordenadamente órganos o partes equivalentes.
3. f. Geom. Correspondencia exacta en la disposición regular de las partes o puntos de un cuerpo o figura con relación a un centro, un eje o un plano.