Aún suena el pitido. Me paso las manos por los pantalones para secar el sudor, me llevo la mano derecha al bolsillo de la chaqueta para comprobar si la navaja está guardada en su sitio. Ahora me arrepiento de no haber escogido otra arma más imponente. Me adelanto hasta la puerta y agarro el pomo con la mano izquierda. Otra vez vuelvo a comprobar que la navaja no se haya movido, por alguna extraña razón tengo miedo de perderla.
No echaré para nada de menos la pequeña habitación. La cama es extremadamente incómoda y las sábanas raspan, además, tanta oscuridad me pone los pelos de punta.
De repente me doy cuenta de que el pitido ha dejado de sonar, el corazón me da un vuelco y abro la puerta de golpe. Salgo a un pasillo poco iluminado, con altas paredes y un alto techo, recubierto con baldosas de color verde oscuro. Un verde oscuro que parece negro cuando las pequeñas lámparas no iluminan la estancia.
¿Cuándo ha dejado de sonar la alarma? ¿Iré muy rezagado?
Me pongo a correr como alma que lleva el diablo, el pasillo no cambia de rumbo y sigue en linea recta, de repente, una intersección. Me decido a girar hacía la izquierda. Un pasillo sin salida donde al final hay una puerta. Es casi tan alta como las paredes que forman el pasillo, giro el pomo de metal y la abro.
La estancia es amplia pero está vacía, de repente, un engranaje se acción y escucho un ruido. Tengo los rápidos reflejos de cerrar la puerta a tiempo. Miro horrorizado con tres grandes puntas súper afiladas se han clavado en la puerta. Me he librado por los pelos.
-¡Eh!- me giro sobresaltado y veo al principio del pasillo un hombre bastante alto. No sé cuántos años tiene, pero con esa altura, me siento minúsculo al lado suya.
Tensa el arco, tiene una flecha afíladísima apuntandola hacía mí. Y dispara. La flecha sale volando y no puedo hacer nada, noto como se me clava en el brazo derecho.
Es algo rápido, noto como una presión me inunda el brazo, noto la sangre salir disparada y noto como la flecha rebota contra mi cuerpo. Sólo de imaginármelo una angustia recorre mi cuerpo y caigo al suelo.
Me quedo totalmente helado, decido dejar de respirar, pero no da resultado. La herida del brazo me duele demasiado.
-¡No te lo daré!- no sé lo que estoy diciendo, creo que empiezo a delirar por el dolor. Si le hago ver que tengo algo valioso no me matará sin pestañear si quiera -Lo que había detrás de la puerta . Me lo quedaré incluso muerto.
Gira la cabeza y su pelo color negro refleja la luz de una lámpara cercana. Creo que no me ha entendido, no hablará español.
-I keep it- le digo. Ojalá hubiera aprendido más inglés en la escuela. Me retuerzo de dolor y él hombre empieza a andar hacía mí. No me puedo creer que haya colado. Intento mover el brazo derecho pero un ramalazo de dolor me recorre el cuerpo. Como puedo, llevo la mano izquierda hasta el bolsillo de la chaqueta. El hombre sigue apuntándome con las flechas y ya está casi a mi lado. Cojo la navaja en la palma de la mano izquierda y la cierro con fuerza. Tengo que concentrarme para saber qué decir. La cabeza me palpita y noto la vena de mi frente muy hinchada.
-This is- articulo entre gruñidos - This is importan.
El hombre se agacha, y no sé cómo, me impulso del suelo. Acciono la navaja y se la clavo en el ojo. Es una sensación extraña, es como clavar un tenedor en una gelatina, pero algo más duro. Con la misma velocidad que se lo he clavado, lo saco. Él se lleva la mano a la cara machada de sangre y comienza a gritar. Dice algo que no logro entender. Y con la misma velocidad e iniciativa que antes, agarro la navaja con fuerza y se la clavo en la mandíbula. Justo por debajo. Atravieso la piel y creo que también la lengua. No sé por qué pero tenía la impresión de que la piel estaría más dura, pero estaba equivocado.
-Son of...- tartamudea antes de caer de espaldas.
Estoy bañado en su sangre, intento ponerme en pie pero mi brazo derecho falla. ¿Desde cuándo tengo tan buen manejo del brazo izquierdo? me siento sorprendido.
Otra vez me vuelvo a resbalar pero esta vez a causa de la sangre. Decido arrastrarme por el pasillo para salir de ese pozo sangriento. He optado por no coger el arco y las flechas, no tengo la suficiente maña y puntería para que me sean utilices, además, tengo el brazo derecho totalmente inutilizado.
Me llevo la mano izquierda a la herida y presiono. Intento no gritar pero un sonido parecido a un maullido de gato sale de mi boca. Creo que me siento algo avergonzado, pero nadie puede oírme.
Escucho a lo lejos un chillido aterrador, creo que humano, y me siento completamente indefenso y asustado.