sábado, 14 de enero de 2012

Dinero fácil II

Esto es lo que te has perdido en "Dinero fácil":

Me llamo Nacho y yo y mi amiga Roberta hemos decidido vender marihuana, conseguir dinero e irnos de vacaciones. Estamos en verano y tenemos la intención de conseguir 500 € en 35 días. Necesitamos proveedores, la mercancía y clientes. Vamos al lío: 
DÍA 1 

Lo hemos decidido, así que esta tarde vamos a acercarnos a los traficantes de nuestro barrio. Se suelen reunir cerca de la parada del autobús, en unos sucios columpios. Hay muchos traficantes aquí. Altos, bajos; gordos, flacos; yonkis de verdad, yonkis a medias; travestis y no travestis. Roberta y yo hemos decidido ir los dos juntos por si podemos pillar algo. Con mis ahorros y los suyos hemos reunido unos 23 €. No creo que podamos comprar gran cosa, pero ya os contaré. Roberta acaba de tocar el timbre.

Tenemos sitio y tenemos material. Todo me ha parecido muy surrealista y Roberta aún más, la verdad no sé donde me he metido cuando acepté esto. Os cuento:

Llegamos a los columpios en muy poco tiempo, nuestras casas están a escasos 5 minutos, además, este barrio no es muy grande que digamos. Al llegar vimos a dos señores sentados en ellos fumando. Roberta dedujo que estaban fumándose un porro y que debíamos actuar como si nos pareciera de lo más normal, total, nos cansaríamos de tratas con ese olor en todos estos días. Fue ella la que habló primero:
-Hola amigos de hierba, venimos buscando material- dijo intentando imitar a la gente de ese mundo.
Los dos señores, que tendrían poco más de 40 años la miraron y siguieron a su rollo. Yo la cogí del brazo y me la llevé a un lado.
-No puedes llegar a sí y pedir marihuana como si tal cosa. Recuerda que es ilegal.- Roberta asintió la cabeza pero creo que no me entendió muy bien.
Pienso que es porque es rubia, una rubia de nacimiento, así que creo que por eso actúa tan impulsivamente.
-Bien señores - dijo acercándose a los hombres - mi amigo y yo estamos buscando marihuana para venderla y sacarnos unos dineros. ¿Con quién hay que hablar para conseguir algo?- preguntó con una sonrisa de loca.
Uno de los hombres la miró con el entrecejo fruncido y tiró una colilla al suelo.
-Mira niña - le dijo - será mejor que dejéis de jugar a los contrabandistas y os valláis casa, aquí no hay nada que os interese-
-Pero es que no lo entiendes- el hombre que había hablado en primer lugar se puso de pie- queremos marihuana para venderla- le explicó Roberta gesticulando con las manos- ¡¡Para venderla!!- dijo gritando
-Perdonad- intervine yo- es que está un poco excitada- dije intentando excusarla para quitar hierro al asunto- Pero estamos buscando eso, además ambos lo comentamos y creemos que este es el mejor lugar para conseguir...- me callé de repente al ver que los dos hombres se enfadaban y el que permanecía sentado se levantó.
-Mirad niños, os doy cero coma para que salgáis corriendo de aquí y no volváis nunca más. ¿entendido?-
-No, no, no-  dijo Roberta negando con el dedo- queremos hierba. Ma-rí-a-. Roberta gesticuló con los labios un montón y eso hizo que uno de ellos se enfadara tanto que le lanzó un escupitajo a la cara.
Roberta se escandalizó tanto que comenzó a decir una serie de insultos que pasaban del español a un idioma desconocido.
Yo la cogí del brazo e intenté relajarla para salir corriendo de allí a toda prisa, pero ella seguía con su particular venganza verbal.
-Malditos yonkis de mierda, os ahogaréis en vuestra propia mugre. ¡¡Sabedlo!!-
Eso fue lo que colmó el vaso, agarré la mano de Roberta y empezamos a correr. En realidad ni recuerdo hacía donde corría, pero lo que sí recuerdo es el latido de mi corazón en los oídos y la risa descontrolada de Roberta cuando se pone nerviosa o tiene miedo. Ahora ya sé que si algún día me asesinan será por su culpa, lo tengo muy claro. Los dos señores cuarentones parecían estar en plena forma, algo de lo que no me he alegrado nunca.
-Separémonos- gritó Roberta. La miré con los ojos desorbitados, eso era lo peor que podíamos hacer y por eso lo hizo. Me acordé mucho de su madre en ese momento. Y claro, los yonkis traficantes de marihuana no iba a seguir a la chica que les había estado insultado, no. Empezaron a perseguirme a mí. Y algo curioso de este barrio es que cuando quieres encontrarte a la gente, no la encuentras y si no quieres, las tendrá en cualquier rincón. No había ni un alma. Tomé una de las muchas malas decisiones que me caracterizan, así que acabé en un callejón sin salida. El único callejón sin salida de mi barrio. Los Yonkis/ traficantes/ señores de la marihuana me tenía acorralado. Uno de ellos, el que había estado más callado, el que tenía un bigote gris se acercó a mí y me cogió del... vamos, que me agarró la polla. Entera, así sin miedo.
-Como volváis a aparecer por allí, esto- dijo apretandome más- lo pierdes.

Como es obvio he vuelto a mi casa. Pero no sin antes encontrar a Roberta esperándome en la puerta. Aunque me tenía guardada una sorpresa. La muy puta había ido hasta una herboristeria cercana y para nuestra sorpresa vendían semillas de marihuana. Para uso terapéutico. No sé como ha conseguido estas semillas y la verdad no se lo voy a preguntar. Pero hay una noticia aún mejor, su tía se va todo el verano de vacaciones y Roberta le ha pedido a su madre quedarse al cargo de la casa, y su madre ha aceptado. Su tía tiene un gran sótano que es perfecto para cultivar maría, así que ahora vamos a ir a por las macetas, la tierra y bueno... todo lo demás. Aunque para mí este día ha sido demasiado largo.

miércoles, 11 de enero de 2012

Dinero fácil

Bien. Estamos a 26 de Junio y nuestros planes para las vacaciones son nulos, así que, Roberta y yo hemos decidido emprender un nuevo y estimulante trabajo para conseguir dinero fácil. Pese a sus súplicas no la meteremos a puta. Porque yo la conozco, y sé que lo decía medio en broma, pero no me extrañaría que lo pensara de verdad. Pues ella y yo, que me llamo Nacho, hemos decidido vender droga. Pero no cualquier  droga, Hemos decidido vender María. Marihuana para ser exactos. Que eso se estila mucho en nuestro barrio. ¿Que de dónde somos? No diré el nombre, pero somos de un pequeño barrio de Málaga.
Nuestro objetivo es conseguir mínimo 500 € para el día 1 de Agosto, todavía no hemos decidido a dónde viajar, Roberta está empeñada en ir a Seattle y yo por más veces que le repita que el Hospital de Anatomía de Grey no existe no puedo sacarla de sus trece. A mí me da igual a donde viajemos, con tal de salir de aquí me conformo. Porque seremos dos adolescentes de 17 años demasiado frikis solos por el mundo. Ya que, francamente, no somos como la mayoría de nuestra edad. No nos gusta salir de fiesta, no nos relacionamos mucho con los demás y pasamos la mayoría del día juntos. Yo me considero normal pero con gustos refinados, pero Roberta... Roberta está loca del coño. Cree que los vampiros existen en la vida real, por eso siempre lleva una cadena con una cruz colgada al cuello, aunque no crea en Dios. A veces la puedes oír cantando canciones que sólo ella conoce. Es una chica algo especial...

Tenemos exactamente 35 días para conseguir Marihuana, compradores, proveedores, hacernos un hueco en el mercado y finalmente el dinero.
Creo que todo esto va a salir mal, pero somos jóvenes y con todo el verano por delante. Que estamos muy locohs a Roberta no le ha gustado que escribiera eso.

Iré informando sobre nuestro resultado, y creo que haré una especie de diario, con los días y las movidas que nos hayan pasado. Tiene pinta de ser divertido.

sábado, 7 de enero de 2012

El otro mundo

Aparecemos en mitad de una playa. La arena se extiende por muchos kilómetros hasta llegar a las primeras olas del mar. Sopla un viento de poniente muy fuerte que hace que casi no podamos escuchar el propio sonido de nuestra voz. El grupo de 5 chicos y una única chica comenzamos el viaje hacia las pequeñas casas de colores que hay al pie de la playa. Están construidas de madera y pintadas, cada una, con un color de los colores del arco iris. El pelo de la chica se movía de forma rebelde al compás del aire que soplaba de forma transversal. El sol proyectaba curiosas sombras sobre la dorada arena y parecía que nuestras sombras se movían más lentas que nosotros, algo de lo que me asusté en un primer momento, pero en el fondo me parece poético. Las sombras que se mueven más lentas que sus cuerpos, pensé que si esa playa no tenía nombre ese sería uno bonito. Algo que me llamó también  la atención fue que no había gaviotas, acostumbrado a las playas de nuestro mundo llenas de ellas, esta playa se me hacía rara. La chica se paró para atarse los cordones de sus zapatillas rosas y nos contó que esta arena no era normal, tenía una textura diferente. Al instante todos nos agachamos para tocarla. Era una sensación extraña, era como meter la mano en pudin de chocolate o de cerezas, tenía un tacto húmedo pero al sacar la mano de la arena estaba seca.

Decidimos seguir hacía las casas de colores, pero están más lejos de lo que en realidad creíamos. El chico de la cabeza rapada empieza a correr desesperado, el sol sigue en lo más alto del cielo y nos empezamos a desconcertar. No sé cuanto tiempo llevaremos caminando por la playa pero parece no acabarse nunca y las casas están a la misma distancia que cuando llegamos aquí. Pero parece que algo cambia, el sol baja un poco del cielo y las casas están más cerca, parece como si hubieran corrido hacia nosotros. Dejamos la arena atrás y subimos a las pequeñas escaleras de madera que llevan a las casas de colores. La chica se empieza a impacientar, no sé cómo, acaba de caer en la cuenta de que un minuto en este mundo equivale a una hora en el mundo real. "Allí llevaremos desaparecidos días, meses quizá... no sé cuanto tiempo llevamos aquí " comentó. Un impulso me hace darme la vuelta y caminar hacia una de las casas, la de color rojo, me acerco a su puerta y cojo el picaporte. Por alguna razón creo que si encuentro un reloj dentro el problema del tiempo podremos solucionarlo, pero algo pasa. Toco el picaporte de la puerta y todo se desmorona. Primero la casa de madera de color rojo, luego la azul, algo causa un efecto dominó que todas van cediendo. Empezamos a correr y volvemos a entrar a la arena. Esta vez la textura peculiar se nota en nuestro zapatos, empezamos a quedarnos pegados y nos ponemos nervioso. Poco a poco la arena nos está succionando, el chico de la chaqueta negra es el primero en desaparecer. Luego le sigue el de los ojos verdes, que no para de moverse y hace más rápido su deglución.

 Una sensación de asfixia me invade cuando la cabeza se sumerge en la arena pero ya es tarde. Noto un tirón hacía el fondo de ninguna parte y luego... luego el espacio.
Y me despierto. Otro sueño patrocinado por mí.