A poco que me conozcáis, sabréis que soy Onanista. Con mayúscula. Onanista declarado. Me gusta hacerme pajas. Disfruto haciéndome pajas. Largas o cortas. Explosivas o apenas húmedas, es algo que me gusta. Soy de los que piensan que primero hay que aprender a quererse uno mismo para poder querer a los demás. ¿Y cómo se quiere mejor uno mismo? Haciéndose una gayola.
Otra cosa que me fascina de la masturbación es la cantidad de formas que existen para referirse al actor de frotar con fricción tu polla (o la de los demás).
Para frotar con fricción, y esperemos con amor, las pollas de los demás hay que aprender a hacerlo con la propia.
Con el fin de llegar a experimentar experiencias a un nivel sensorial superior, voy a estar una semana (con sus siete días, sus siete tardes y sus siete noches) sin tocarme.
Ni una paja se manifestará en mi habitación y ni un pañuelo ayudará a limpiar ese líquido blanco.
Quiero estar una semana en dique seco.
DÍA 1
No he pensando en hacerme una paja en todo el día. Ni cuando me he quedado esos minutos haciendo el remolón en la cama por la mañana; ni cuando, después de comer, he puesto un rato en el ordenador navegando por el
dashboard de Tumblr; ni si quiera por la noche, antes de dormir, para relajar tensiones.
Creo que podré aguantar sin problemas, que hay una especie de ente superior, una especie de Dios anti pajas, que está velando y cuidando de mí.
DÍA 3
Intenté cansarme cuanto pude y más, pero la noche es oscura y está llena de chicos que quieren enseñarte sus atributos masculinos por internet.
No he conseguido soñar con nada fuera de lo común. Nada de sueños guarros, lo cual me parece un auténtico fastidio. He vivido ese momento en el que cualquier tío piensa "Es el momento ideal para hacerse una paja", pero he aguantado como un campeón. Creo en mí mismo, puedo controlar la situación.
DÍA 6
Hoy me he despertado pesimista. El cielo está gris, hace frío en la calle y yo remoloneo como nadie en la cama cuando me despierto. Me he despertado "Con diez cañones por banda" y quiero pensar que fue un aviso de lo que estaría por venir.
DÍA 7
He fallado. Era una tarea tan simple pero he fallado. Me toqué, me toqué mucho durante horas y horas. Lo curioso es que luego pude dormir al instante. Pude sentir como mis cómodas y algo gastadas sábanas me acogían entre sus almidonados brazos y me enviaban al paraíso de Morfeo sin pasar antes por la casilla de salida.
Aunque no vuelva a confiar en mis fuerzas y después de pensarlo mucho, he llegado a una conclusión. Me lo he propuesto: quiero estar una semana (con sus siete días, sus siete tardes y sus siete noches) sin tocarme...
P.D: Lo genial de internet es que puedo hacer una parodia exagerada de mí mismo (aunque suene redundante), y habrá gente que piense que he sido capaz de aguantar tanto tiempo sin hacerme una paja.