viernes, 28 de septiembre de 2012

Shiny Happy People

Ahí estaban, pensaba que les había dado esquinazo en el Boulevard Bart. La gente radiante y feliz que avanzaba como una plaga. Se ocultó detrás de un edificio de color gris. La frontera de la ciudad estaba a solo 50 metros de él, una carrera rápida y estaría en el bosque.
Pensó que su compañero ya debería de estar allí, no se lo pensó dos veces y comenzó a correr. Sus botas negras le quedaban perfectamente holgadas y podría correr a toda velocidad. La gabardina de color negro ondeaba al viento y su pelo marrón con pequeño rizos se movía hacía atrás. Sujetaba la pistola hacía delante, con las dos manos, justo como le habían enseñado.
Ya podía oír la multitud, le estaban pisando los talones. Entre ellos estaba Laura, la mejor agente de la compañía había sido infectada por la felicidad. Se veía radiante y su pelo rubio estaba más bonito que nunca.  -¡Venga Bruno! - gritó de felicidad Laura -No se está tan mal, seremos felices aquí- la multitud no paraba de hablar animada. De reír, de compartir experiencias, de ser amables y de ser felices. Y eso a Bruno le helaba la sangre. Se volvió y estuvo a punto de disparar a Laura a la cabeza, la única forma de matarlos, porque estas criaturas felices no podían sentir el dolor. Pero al final, optó por dispararle a la pierna izquierda. Lo que hizo que ésta cayese al suelo. Mejor acabar así con Laura, prefería no verla tan feliz.

Casi había llegado a la frontera que separaba la ciudad del bosque, normalmente los felices no suelen adentrarse allí, prefieren quedarse en la ciudad donde se reúnen para pasar el rato y ser más felices. Algo aterrador. Bruno saltó y se agarró a la valla, una enorme valla de alambre que separaba la ciudad del bosque. La frontera. Saltó hacía el bosque y rodó sobre sí mismo. Se levantó, cargó la pistola y apuntó al frente. Los felices se iban agolpando contra la valla, confusos se preguntaba que estaba pasando, ninguno se atrevía a escalar la valla como lo había hecho con anterioridad Bruno. Un grupo de ellos hizo un corrillo y comenzaron a hablar. Bruno podía oír risas de felicidad, algo que le removió las entrañas. De repente, todos los felices formaban parte del grupo, algo que a Bruno no le hizo mucha gracia.
Levantó la pistola y disparó hacía arriba, los felices no tuvieron miedo. Es otra de sus cualidades.
Uno de ellos, de piel oscura, se adelantó y comenzó a escalar la valla. Bruno se quedó sorprendido y aterrorizado por partes iguales, no podía creerlo, era un comportamiento completamente nuevo. Le apunto entre medio de las cejas y apretó el gatillo. El cuerpo del feliz cayó al suelo al instante, pero parece que eso no les detuvo. Ya eran varios los que estaban subiendo, primero tres, luego cinco. En nada estarían en el mismo lado que Bruno. Irían a por él y lo harían una persona feliz, sería horrible. Una mano tocó el hombro de Bruno y este pegó un brinco.
-¡Me has asustado!-exclamó apuntando con su pistola a su compañero Sext.
-¿¡Qué haces ahí plantado, Uno!?-le preguntó Sext alterado. Es mayor que él, se le nota las arrugas de la edad en la cara y tiene una cicatriz de media luna debajo del ojo derecho. Su pelo canoso parece de color plateado y tiene unos dientes muy blancos.
-Lo... lo siento- dijo Bruno poniéndose erguido. Ambos se miraron fijamente y comenzaron a correr hacia el interior del bosque. La gente feliz tardó un par de segundos en seguirlos. Corren más rápido que ellos, son felices de estar corriendo. Sext le hizo una seña a Bruno para separarse. Bruno asintió con la cabeza. Decidieron  esconderse cada uno detrás de un árbol, Bruno se escondió detrás de una enorme secuoya. Dejó de respirar por la boca y se concentró en hacerlo por la nariz. Es simple, lo hace tranquilo, le han entrado para eso. Preparó su pistola apuntando al frente. Escuchaba los pasos de la gente feliz que se encontraba confusa, habían perdido a su objetivo, pero parece no importarles ya que no paran de reír alegremente. Bruno comenzó a bordear el árbol, lo estaba haciendo con cuidado pegándose al tronco, pero... ¡crack! una rama en el suelo. La gente feliz ya se dirigía hacía él a toda velocidad. Bruno comenzó a disparar... pero ya era tarde. La gente feliz lo tenía rodeado, lo tiraron al suelo y lo aprisionaron. Intentó zafarse pero fue inútil. Comenzaron a darle besos por todo el cuerpo, por la cara, los brazos, las piernas. Son felices. Bruno cerró los ojos y... todo se volvió oscuro.

Cuando los abrió... todo ha cambiado. El cielo estaba más azul, el sol brillaba con más fuerza, la hierba estaba muy verde y... ¡todo tenía más intensidad!

sábado, 22 de septiembre de 2012

11 minutos

-Tú pones las reglas- dice acomodándose en la silla, subiendo con ambas manos la línea de su vestido de flores. Tiene unas rodillas bonitas.
-Nada de gritar- le digo - Los límites los pongo yo. Puedo hacer contigo lo que quiera. Eres mía desde que te has sentado en esa silla- Ella mueve la cabeza mientras se muerde el labio inferior - Usaremos una palabra de seguridad: manzana. Recuérdala- ella vuelve a asentir obediente. -Por último- digo para terminar - te referirás a mí como Uno- Vuelve a asentir.
-Yo me llamo Pau...- la corto antes de que termine de decir su nombre.
-¡No!- grito- nada de nombres- Me levanto - no tengo que referirme a ti con ningún nombre-
Ella se levanta también. Es casi tan alta como yo. Delgada, con unas piernas de infarto, el pelo caoba le cae hacía un lado de la cabeza. Tiene unos labios grandes y bonitos, varias pecas cerca de la nariz y unos grandes ojos de color miel. Es muy guapa.
- A partir de ahora tenemos 11 minutos- ella sonríe y deja su pequeño bolso en la silla. Se me acerca rápidamente y empieza a darme un beso en la boca. Se la ve una chica decidida.
Pero soy yo el que tiene que llevar la iniciativa. No paro de besarla y la conduzco hacía la habitación. Mi cama es grande, con un colchón cómodo y unas sábanas suaves. Le quito el vestido, del tirón. La tiro sobre la cama y ella sonríe. Me quito la camisa rápido y comienzo a besarle el cuello. Tengo sus dos manos sujetas con mi mano izquierda, mientras que con la derecha recorro su cuerpo con caricias. Comienzo a bajar del cuello y me encuentro con su sujetador. Gracias a Dios es de cierre delantero. Se lo quito sin problemas. Sus pechos salen casi disparados, son bonitos, de un tamaño normal. Blancos con unos pezones rosados que me encantan. Comienzo a besarlos, paso mis dientes por ellos y muerdo un poco, pero sólo un poco. Parece que le gusta porque comienza a sonreír suavemente. Está muy delgada, creo que no puedo ver ni un gramo de grasa en su abdomen. Lleva unas braguitas color azul cielo con un pequeño lazo en la parte delantera. Se las voy bajando con cuidado dejando al descubierto su sexo. Es una chica depilada. Introduzco la cabeza en ella. Hago movimientos rápidos con la lengua, parece que le gusta porque no para de moverse, y eso, me encanta. Me lleno la boca de ella y parece encantada.
-Para...- gime - ¡Para!- pero esa no es la palabra de seguridad. Así que sigo, de hecho, aumento la velocidad y hago que empiece a gemir más fuerte. Se lleva las manos a la boca para no gritar. Me encanta ver a una mujer así, tan en contacto con su parte prohibida.
Ahora me toca el turno a mí. Ella se levanta y tiene las mejillas rojas y una sonrisa tonta en la cara. Me mira divertida. Me tumbo en la cama y me dejo hacer. Se sube encima mía, está completamente desnuda, tiene una piel blanca muy bonita y lunares con muchas formas divertidas. Comienza a besar mi pecho, lo tengo depilado, pero ya han comenzado a salir varios pelos. Parece que no le importa. Me sigue besando el pecho.
-Quítame los pantalones- le ordeno. Y lo hace obedientemente con una sonrisa
Tengo el sexo que va a estallar y no me ando con miramientos.
-Quítame los calzoncillos- lo hace tan rápido que mi miembro sale disparado hacia arriba -Chúpamela- le ordeno. Ella sonríe y se agacha. Se mete mi miembro en la boca. Siento el calor saliendo de sus labios y que me recorren de arriba a bajo. Le sujeto el pelo mientras lo hace y la miro hacerlo. Lo hace genial. Así seguimos durante bastante tiempo, me gusta mucho lo que hace y ella parece disfrutar. Pero recuerdo que sólo teníamos 11 minutos.
-Para- le diego y ella se la saca de la boca al instante -túmbate- y lo hace. Me levanto y me acerco al escritorio a por un preservativo. Ella me mira desde la cama impaciente. Me lo pongo y me lanzo a por ella.
Penetración fácil, los dos estamos tan excitados que es todo facilidad. Ella está entregada al máximo y eso hace que me excite más.
-Pásame las manos por el cuello- le digo y ella se muerde el labio y lo hace.
Las embestidas cada vez son más acompasadas, estoy disfrutando como nunca. Creo que son los 11 mejores minutos de mi vida. Espera... ¿Cuánto tiempo ha pasado?
Sólo nos falta un minutos para los 11.
-Tenemos que acabar- le digo, ella me mira extraña.
-¿Por qué? Yo aún...- le corto
-¡No hables! No te lo he pedido- le digo.
No me va a dar tiempo, intento embestir con más fuerza y ella empieza a gemir descontroladamente. Sólo 10 segundos. Venga. 9 segundos. No puedo concentrarme. Ella me mira confusa.
Han pasado los 11 minutos y ella comienza a desaparecer. Es como si nunca hubiera estado allí.
¡Mierda! grito. Me quedo allí, parado, en mitad de la cama. Con la frente perlada en sudor y muy excitado.

viernes, 14 de septiembre de 2012

El sexo de los Ángeles

Una vez leí que los Ángeles tienen sexo mediante las palabras. Ya que ellos carecen de gónadas, no pueden practicar el acto sexual físico.
Que digo yo, me los imagino teniendo sexo mediante palabras bonitas: Caleidoscopio. Transparencia. Embergadura. Sutura. Hielo, flor, metal. Delantal.

Pero esto no es el caso del que he venido a hablar. El Sexo de los Ángeles es una película del director Xavier Villaverde. Con los geniales Llorenç González, Álvaro Cervantes y Astrid Bergés-Frisbey, como trío protagonista. También físico.
Os diré algo que es real, no suelo hablar mucho de mí, de cosas reales aquí. Pero hacer un trío del diablo es uno de mis sueños más húmedos.

Pero aunque parezca mentira no he venido a hablar de sexo, o de tríos, ni si quiera a contaros la película completa. Bueno, quizás sí. Depende de las ganas que tenga de escribir.
La película es un genial reflejo de las relaciones modernas en este mundo de los instantáneo. Es una oda a la adicción. Una dicción al sexo, pero no sólo al follar con follar, al follar con quien tú quieras llegando a experimentar las emociones de afecto, cariño y amor. Independientemente del sexo que sea. Vemos, también, el poder que ciertas personas ejercen en nosotros y, de cómo, no podemos vivir sin tenerlas cerca. Aunque nos estén causando un daño de cojones. Nosotros decidimos hasta dónde puede llegar alguien, pero a veces ese alguien llegan tan hondo que no te das cuenta.

En definitiva, una película que recomiendo por muchas razones. Y también por razones argumentales, que me ha gustado mucho. Me ha emocionado, me ha descolocado, me ha empalmado e incluso, ha tenido sus momentos perturbadores. Pues apuntadla. Es Española. Es Catalana.
Y claro, para gustos los colores.







sábado, 1 de septiembre de 2012

Fuego

Calor. Me acabo de dar cuenta de que existo. Algo dentro de mí me impulsa a moverme, a danzar. A ondularme, a doblarme, a levantarme y a crecer. Sigo creciendo, me noto fuerte y poderoso. Creo que puedo dividirme, es más, voy a hacerlo. Me divido, me vuelvo a dividir. Mi núcleo ardiente se ha separado cuatro veces. Mi calor aumenta, me siento radiante.

Tengo hambre, necesito comer algo. ¿Qué habrá a mi alrededor? Tengo que avanzar, moverme en alguna dirección. Ahora que soy cuatro a la vez presto atención a mi alrededor y noto que el viento sopla hacia la derecha, me dejo arrastra, me dejo mecer. Me mueve, me estoy moviendo. Noto como la pequeña hierba reseca que hay bajo de mí se consume en un suspiro y queda hecha prácticamente briznas bajo mi núcleo ardiente.
He llegado a un madero, es algo seco pero creo que está rico. He decidido volver a dividirme, me veo con fuerzas suficientes para hacerlo. Duplico mi núcleo y ahora soy el doble de numeroso y prácticamente el triple de alto. Me he comido el madero, estaba rico. Ahora quiero algo más vivo, algo que esté conectado a la tierra.
He podido hacer un cerco, mi llama es tan potente, tan roja, tan caliente que lo estoy arrasando todo a mi paso. Encuentro un pequeño Olivo que aún no ha crecido. Es mi nueva víctima. Me encanta notar como mis lenguas de fuego se comen sus verdes hojas y las dejan hechas nada.

He perdido la cuenta de cuántas veces he dividido mi núcleo. Creo que puedo llegar a medir más de 20 metros, me acabo de comer una ardilla. Ha gritado, ha pataleado y yo la he quemado. Sus pequeños pelos han tardado milésimas de segundo en quemarse, su carne se ha tostado y ha comenzado a sangrar. Es algo que la gente desconoce del todo. Pero el fuego va devorando capa a capa. Hasta calcinar los huesos.
Me siento increíblemente poderoso y creo que no tengo control sobre mí mismo. Mido metros de alto y kilómetros de largo, a lo lejos veo una pequeña casa de campo. Creo que me dirigiré hacia allí, quiero ver eso a lo que llaman humano.