viernes, 8 de julio de 2011

El mundo de ella

Vale,hoy no tengo ganas de escribir y tampoco ánimos,así que he tirado de archivo. ¿Y qué he encontrado? Pues una pseudo historia corta que escribí para un concurso de clase,obviamente no la presenté porque me quedó extraña,además el relato corto debía de tratar sobre la paz y no,no lo conseguí. Pero me quedó algo que no me disgustó mucho.
Esto trata sobre una conversación que mantienen un hombre y una mujer,ambos sin identidad. La conversación se desarrolla de manera en la que primero habla la chica y luego el chico,así hasta el final.
Espero que por lo menos despierte algo a quien lo leo,asco por lo menos o no sé...
Es un poco larga,4 páginas en OpenOffice,pero bueno,sin más dilación lo pongo ya:

EL MUNDO DE ELLA

.Inserte una moneda de 5
Iniciando simulación...

-¿Recuerdas aquel sueño que te conté con tanto detalle? Aquel en el que tú estabas muerto.
En aquel sueño tú estabas muerto,fue el mejor sueño que he tenido. Muerto como mi gato Federico. Vivíamos en una Utopía, bueno... tú no vivías por que estabas muerto. Era una Utopía futurista, una no violencia, no había guerras y todo era paz. Pero una gran multinacional estaba detrás de todo esto. Nos programaban y tú no estabas allí para salvarnos, no me salvaste... pero claro,ahora pienso que no me salvaste porque yo te maté.

-Yo te maté. Supongo que así lo hice, no literalmente. Eramos tan maduros para algunas cosas y tan niños para otras. ¿Recuerdas el funeral de mi abuela? En el que no derramaste ni una lagrima. Tú estabas entera y yo me permitía el lujo de derrumbarme en tu hombro. Siempre tan entera... Ya sabes como soy. Pero luego, tu gato se muere y pasas una semana llorando. Yo te presto mi hombro para que llores a gusto y prefieres no hacerlo. Como siempre decías “A las niñas se les permiten llorar” pero tu no eres una niña,y no lo eras entonces ¿Recuerdas que para consolarte te compré una bolsa entera de chuces? Yo recuerdo como te las comiste tan rápido que luego te dolía la barriga.
Y saltamos en la cama,y reímos,y jugamos a guerras de almohadas,y fuimos los que hace 25 años fuimos,y nos permitimos de sentir.

Justo después lo que recuerdo son tus dudas,tus dudas y esa cabeza tuya. ¿Recuerdas cuando íbamos en aquel autobús del centro para casa y tú ibas leyendo aquel viejo libro de bolsillo? Dijiste que te gustaría saber lo que siente una persona cuando se muere. Yo me lo tomé a broma, pero ya te conocía. Otras de las dudas que te asaltó fue lo que se sentía al besar una mujer. Recuerdo que te quedaste mirando un buen rato por la ventanilla del autobús y yo rápidamente te cogí la mano por miedo a perderte. Te agarré tan fuerte que creo que te hice daño, pero tu no estabas allí,estabas en dios sabe donde intentando buscar una explicación factible a tus dudas. Esas dudas que más tarde resolverías...

-Yo recuerdo... yo recuerdo los pelos de tu barba en el lavabo del baño. Decías siempre que los dejabas para que yo lo recogiera,que me gustaba hacerlo. Y es verdad, era verdad. Recuerdo como jugaba con ellos,llenaba el grifo de agua,antes ponía el tapón claro. Cuando el agua estaba por la mitad,jugaba a que los pelos eran náufragos de un gran barco. Quizá el Titanic o quizás no,sabes que nunca me gustó que Di Caprio se ahogara. Los náufragos (pelos) intentaban llegar a tierra firme,pero estaban ante un basto océano que no dejaría a nadie vivir. Me encantaba imaginarme la vida de aquellos pelos náufragos, en la que algún que otro marinero tendría mujer e hijos en puerto y no volvería a verlos. Me encantaba ser la dueña de su destino y ser su ángel de la muerte. Ninguno de ellos sobreviviría y eso era lo que me gustaba, la facilidad que tenía esos pelos para ahogarse y desaparecer. Quitaba el tapón que obstruía el desagüe y a todo ellos se los tragaba la tubería, ya no estaban... un final negro.

Pero no era la única que tenía dudas. Sé que tú también las tenías, lo sabía. No hacía falta que me dijeses nada. Tus dudas sobre el amor y tus dudas sobre mí. Sobre tu muñeca rota. Yo me arreglaba con unas tiritas pero seguías sin creerme. Recuerdo que cada vez que terminábamos de comer hacías que nos quedásemos hablando, si no había tema para hablar tú te inventabas algo, tenías miedo a lo que yo era capaz de hacer. Mi delgadez era de siempre, no tenía trastornos alimenticios como tú creías.
Y sí,yo te amaba, te amaba a ti y a tu otro yo. Sí tu otro yo, no ese otro yo que salía cuando te tomabas dos copas de más. Tu otro yo que vivía en un mundo paralelo donde me gustaba pasearme. Al principio era solo yo, yo y ese extraño mundo. Un mundo principalmente compuesto de tinieblas, luego me imaginé una montaña, una de esas montañas que están en el corazón de japón. ¿Recuerdas las pirámides de las postales que tenía en mi álbum de fotos? También las había, me gustaban las pirámides. Y puentes, un montón de puentes, y bocas de metro, y ferrocarriles. Una red de ferrocarriles que conectaba todo ese mundo. Luego intenté imaginarme algunas personas, pero no conseguí imaginarme a muchas, por lo que las transporté allí. Así fue como conocí a tu otro yo. Tu otro yo es todo lo que tu no eres. Es más gracioso que tú, tiene los ojos más azules, un azul tan puro que asusta. Sabe qué decir en el momento preciso. Y hace el amor como nadie.

-Tú sacando el tema del sexo. Recuerdo lo importante que era para ti. ¿Recuerdas esa semana en la que te obsesionaste con el sexo? Sexo en el sofá,en la cocina,en el baño,en la bañera,en la cama,de pie,tumbados,contra la ventana. Sexo,sexo,sexo. En todas sus variantes. Conseguiste resolver unas de tus dudas... ¿Cómo besaba una mujer? Es más me hiciste presenciarlo, aunque he de reconocer que me gustó. Me gustó verte como te entregabas con total devoción a alguien que no era yo. Me gustó verte disfrutar, me gustó verte descubrir el sabor de la carne de una mujer. La pasión de pasiones.

Creo que te gustó, es más,sé que te gustó. Los días posteriores estuviste muy rara,quizá distante, encerrada en ese mundo donde te gustaba vivir. Como aquel día que te dio por subir a la azotea de nuestro bloque. Cuando llegué a casa y no te vi me asusté muchísimo. Salí corriendo escaleras abajo y salí de nuevo a la calle y te vi. Allí subida, en la azotea andado en equilibrio por el borde. Mas tarde me contaste que era un juego al que jugabas de pequeña,te imaginabas que los bordillos de las acercas era un precipicio y jugabas a cruzarlos sin caerte. Pero la azotea era un precipicio y allí estabas tú andando en equilibrio con los brazos en cruz. Subí corriendo las escaleras, no había corrido tanto en toda mi vida. Y allí estabas sonriente, divirtiéndote ajena a todo en la vida. Por un momento, te lo juro, por un momento pensé que si te caías no me importaría demasiado. Pensé que podía pasarme horas allí de pie y tú no te darías cuenta.


-Asumes que yo era la destructiva. Pero ¿recuerdas la vez esa que bebiste tanto que casi no lo cuentas? Te empeñaste en salir y yo te acompañé. Eramos la pareja perfecta, cogidos de la mano y provocando toda clase de miradas. Sabes que yo no era mucho de fiestas y por eso nos fuimos a un bar. Tu comenzaste a beber, una copa tras otra. Y sí es verdad, yo estaba intentando coquetear con esa chica. No puedes culparme por eso.

Al ver que tú estabas absorto en un mundo de bebida me fui de allí, no físicamente pero sí mentalmente. ¿Recuerdas el sueño que te conté? El sueño del que hablamos antes. Había llegado a mi otro mundo. La paz rezumaba por todos los poros de mi mundo maravilloso pero tú y tu otro yo ya no estabais. Estaba completamente sola, comencé a andar por las vías de los ferrocarriles y recorrí la mayor parte de aque mundo de esa forma. Pero notaba algo raro en el ambiente y me acerqué a la ciudad más cercana. Una ciudad que salió de la nada, con un montón de edificios bonitos y rascacielos. De un edificio entraban la gente de una manera y salía de otra forma totalmente diferente. Me decidí a mirar el por qué de ese cambio, pero tú me llamaste. Me llamaste desde la realidad.

-Yo no estaba bien ese día y sí me pasé bebiendo,pero tú ni te diste cuenta. Yo estaba para ti... estoy.

Pero yo recuerdo lo que me contaste, aquella vez que te fuiste con tus amigas en una noche sólo de chicas. Aquel beso que me contaste, el beso con sabor a muerte. Me encantaba mirar como cuando ibas por la calle todas las miradas se posaban sobre ti. Tan radiante, tan amable con todos. Incluso cuando entrabas en ese otro mundo sabías mantener esa sonrisa que no disgustaba a nadie. Cuando llegaste a casa después de la noche me contaste lo que habíais hecho, también me contaste que besaste a un hombre mayor, y me lo contaste como si nada, sin esperar que yo te pidiera una explicación. También me contaste que besaste a un hombre con cáncer, que no tenía en la cabeza ni un solo pelo y que saboreaste el sabor de la muerte. Estabas extasiada porque te habías dado un beso con la muerte y yo sin saber qué decirte intenté hacer como tú, intenté inventarme un mundo paralelo en el que yo fuera mejor persona... pero no lo logré.

-Me gusta experimentar y lo sabes, tenía que saber a qué sabían esos hombres. Al igual que descubrí a qué sabían los besos de Judy, la chica a la que siempre me encontraba en el ascensor. No creo que rozaras los 20 años... Yo te pedí a ti también muchas veces que experimentaras por tu cuenta, con otros hombres... con otras mujeres pero tú,siempre tú fiel a mí. Me tenías devoción.

Después de haberme acercado a aquel extraño edificio en mi mundo no volví a él hasta muchos meses después, cuando tú desapareciste, desapareciste sin decirme nada. Cuando volví a mi mundo, me costó volver a encontrar ese edificio, las cosas habían cambiado de sitio y la gente tenía una extraña paz que yo no llegaba a reconocer como buena. Me encontré con tu otro yo, y allí estabas con esos ojos azules mirando al mar azul. Yo te pregunté qué pasaba y tú, o tu otro yo, me contestaste que todo estaba en paz.

-Yo me fui, yo soy el malo por que me fui, pero no podía soportar tu experimentación llevada al limite. El sexo, los besos... no podía soportarlo más. Cuando llegué a casa y te vi con tanta gente en... y vi tu cara de placer, sabía, supe que te había perdido para siempre. Yo no te servía para nada. Eras libre, ahora que yo me iba, ya eras libre cuando te conocí e intenté amarrarte a mí. Pero tú me lo dejabas claro con tu forma de ser, esa forma de ser tan tuya, esa sonrisa tuya, esa mirada tuya. Tú y sólo tú.

Escribí esa nota aprovechando que no te encontrabas en casa, ahora que lo pienso fue una forma cobarde de marcharme, pero no quería decírtelo a la cara. Recuerdo una vez que no encontrabas tu peluche favorito de la infancia y te pusiste tan nerviosa. ¿Recuerdas lo que me decías, lo de “A las niñas se les permite llorar”? En ese momento te vi como una pobre niña, desesperada por encontrar algo que fuera suyo y que le alejara de tanta crueldad y por fin lo comprendí todo, por fin te comprendí,pero no fue suficiente. Te comprendí pero no entendía lo que hacías y opté por la opción más fácil.

-Intenté que tu otro yo te sustituyera en la vida real, pero era imposible. Estaba en otra sintonia que yo no llegaba a comprender. Recuerdo los intentos fallidos de traerlo a la realidad, las horas muertas mirando por la ventana sumergida en aquel mundo. Al final lo comprendí si quería estar en sintonia con tu otro yo, si quería estar en sintonia contigo, tendría que buscar aquel edificio y que también me cambiaran a mí.

Recuerdo perfectamente,fotograma a fotograma el día en que te fuiste. Quise subir por las escaleras porque me había comido una palmera de chocolate y al subir por las escaleras me sentiría mejor conmigo misma. Recuerdo que en el primer rellano olía a pastel de zanahoria que la señora Applehumph estaba preparando, seguí subiendo y en 2º rellano olía a pollo asado. Sé que te encanta y decidí que esa noche cenaríamos eso. Así sucesivamente, parece que todos se había puesto de acuerdo en hacer de comer a la misma hora. Cuando llegué a nuestro rellano algo me decía que algo iba mal. Quizá la forma de la puerta, quizá... no lo sé. Metí la llave y abrí, grité tu nombre 2,3,4 veces,fui a la cocina y leí tu nota.

-Cuando me fui pensé en lo mucho que te hubiera gustado que ese día lloviera, una fuga en plena lluvia,un abandono. Como en los mil y un libros que leías, leías con tanta devoción que a veces pensaba que te iba a estallar la cabeza. Puedes llamarme prepotente, pero no volví la cabeza ni una sola vez. Estaba decidido, sabía que tú ibas a salir a delante, de alguna manera. Habías avanzado.

No fue hasta una semana después, aquí incluso yo mismo me llamo egoísta, en la que reparé en que no deberías estar sola. Creo que te conozco, no tan bien como me gustaría, pero como tú muchas veces decías, en tu sueños yo te salvaba, ¿quién te salvaría ahora?

-Entré en el edificio, era un edificio plano, sin pisos. Una gran sala blanca y en el centro una silla. Me senté decidida en la silla,quería recuperarte, quería demostrarte que mi amor por ti era eterno, que incluso estando en otro mundo sería capaz de amarte, también tenía la esperanza de sacarle a tu otro yo los mismos fallos que te hicieron tan interesante a mis ojos. Pero todo eso no sirvió de nada, nada más sentarme en la silla todos mis temores,todas mis dudas desaparecieron. No recuerdo gran cosa después de eso, sé que salí del edificio y que tu otro yo estaba allí. Me sonrió y yo... inevitablemente le sonreí, tenía tanta paz.

-Cuando yo volví ya era tarde, por que volví, pero cuando yo volví tú ya no estabas. Ahora te recuerdo como si te hubiera conocido en otra vida, como un relámpago del que sólo recuerdas ruido. Apenas me acuerdo de la forma de tu cabello, no sé de qué color son tus ojos y el ruido de tu voz es un susurro lejano. Te encontré en tu lugar favorito del piso, mirando por la ventana a un cielo cubierto de hierro y cristal. Pero tú estaba a un millón de kilómetros de distancia. Estabas muerta, se te había olvidado regresar.

Yo te mate, ahora lo tengo claro. Te mate, y tú no lo viste venir. Cualquiera diría que la causante de tu muerte eres tú, pero soy yo sin duda, yo te abandoné y tú tuviste que irte para poder sobrellevarlo.

-Ahora lo recuerdo todo, estaba en paz. Tanta paz que no tenía miedo en pensar en otra cosa, pensamos en otra cosa por que tenemos miedo de lo que estamos haciendo no sea lo correcto. Se me olvidó regresar, pero yo estaba contigo, al final no intenté cambiar a tu otro yo, ya que no tenía miedo a que no fueses tú. Tenía las mismas pestañas que tú, las mismas manos...incluso gesticulaba igual que tú. Creo recordad que tuvimos un hijo, un hijo al que llamamos igual que tu padre, pero no estoy segura...el tiempo en aquel mundo pasaba distinto a nuestro tiempo.

Lo sentimos, el tiempo a terminado, si quiere volver a contactar introduzca una moneda de 5

Me quito las gafas de realidad virtual y ya no la veo, me levanto del sofá de cuero, recojo mi abrigo y salgo a la calle. El tiempo ha empeorado mientras he estado dentro. No sé cuanto tiempo llevo dentro, ni cuanto tiempo he contactado con ella. El anuncio del periódico tenía razón, tenía que decírselo, pero creo que aún no lo comprende. En fin es una parte de mi pasado que tenía que cerrar. Sigo andando por la calle hasta casa, hoy no tengo ganas de coger taxis ni autobuses, creo que me vendrá bien andar. Cuando llevo un buen rato andando absorto en mis pensamientos de repente pasa, por fin lo logro. En mi cabeza empieza a crearse algo muy difuso y lleno de tinieblas y lo comprendo. Estoy creando un mundo, quizá sea el mismo mundo donde ella pasaba la mayor parte del tiempo. Quizá ella esté allí y quizás yo llegue a tiempo para salvarla y no sea demasiado tarde. Quizá...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Estruja tu cerebro y deja un comentario