martes, 10 de abril de 2012

Caperucita Roja y El Cazador

Un radiante sol de primavera iluminaba el claro del bosque. Por él pasó una pequeña sombra de color rojo. Era una niña, que caminaba con desenvoltura, pero tenía algo especial. Era bajita, con el pelo color azabache recogido en dos alegres trenzas, unas finas cejas, la nariz respingona y los labios de color rojos. Sus ojos de color miel irradiaban alegría, ya que se dirigía a casa de su abuela que hacía meses que no la veía. Lo especial de esta chica era que, aunque aparentase ser una pobre niña, tenía 16 años. Ya se había desarrollado como mujer, pero era bajita... muy bajita para su edad.  Vestía una falda de color blanco con unos pequeños dibujos de unas fresas en ella, una camisa de color rojo de mangas cortas, unos zapatos rojos y una capa con capucha de color rojo también. Las dos trenzas negras le caían sobre los hombros con gracia y desenvoltura. En sus manos llevaba una cesta de mimbre, en la que llevaba varias cosas para darle a su abuela. Mientras caminaba una ardilla salió corriendo delante suya y se montó en un árbol, ella la siguió correteando y riendo, y se acercó al árbol en el que se había subido la ardilla. Ésta estaba comiendo una enorme bellota que había encontrado, Caperucita alargó la mano y entornó los ojos... agarró a la ardilla con fuerza, pero una tos la interrumpió. Caperucita soltó a la ardilla y miró al sitio de donde provenía esa tos. La ardilla asustada salió corriendo y comenzó a saltar de rama en rama.
 En el umbral del bosque se encontraba un alto y fuerte hombre, con un hacha en el hombro. Vestía un peto de color gris y una camisa de leñador roja. Caperucita se acercó a él con una sonrisa radiante enseñando sus blancos dientes.
-Buenos días pequeña- comentó El Cazador mientras se rascaba su abundante barba -¿Qué hace una chiquilla como tú en mitad del bosque?- preguntó con su voz ronca -¿es que no le tienes miedo al lobo?-
-No- contestó ésta alegre y comenzó a andar de nuevo.
-¿Dónde vas si se puede saber?- preguntó El Cazador con curiosidad
-Voy a visitar a mi abuela- contestó ella en tono neutral.
-Mi cabaña está a ese lado del bosque- comentó en un hilo de voz
-La casa de mi abuela está por ahí- indicó con la cabeza Caperucita al lado contrario- está pasando el río-
-Puedes venir a mi cabaña y tomar algo caliente- comentó con una fría sonrisa- tengo chocolate- El Cazador se acercó a Caperucita, se agachó y le bajó la capucha.
El leñador encontró a Caperucita irresistible, tenía una mirada salvaje, unos ojos preciosos y una sonrisa pícara.
-Eres muy amable- comentó ella muy seria - pero no estoy interesada-
El Cazador frunció el ceño.
-Tengo una chimenea, puedes calentarte un rato antes de volver a partir- comentó mientras volvía a ponerse en pie cuan largo era.
-He dicho que no- dijo Caperucita con sombra en la mirada.
Dio media vuelta y volvió a retomar su camino, debía estar en casa de su abuela para la hora de la cena y no quería que la noche la sorprendiera en el bosque. El Cazador se quedó mirando como Caperucita se marchaba, dio varias patadas al suelo en señal de frustración. La estaba dejando escapar y no podía evitar pensar en ella, pensar en su sonrisa, en sus ojos, pensar en su pelo, pensar en... en toda ella.
De repente, Caperucita se detuvo a varios metros del Cazador, se dio la vuelta y le silbó.
-Vale-
-¿Cómo dices?- preguntó nervioso
-Lo he pensado mejor- comentó Caperucita esbozando una sonrisa con sus finos labios rojos -Quiero un chocolate caliente- Caperucita salió corriendo hasta alcanzar al Cazador que se había quedado perplejo.
Ella le agarró la mano derecha y comenzaron a caminar.
El cazador miraba sus manos entrelazadas y se sonrojaba. Era una curiosa estampa, el gran y alto Cazador y la bajita Caperucita Roja. Durante el camino estuvieron hablando de nada y de todo, solo se oía de fondo la risa descontrolada de Caperucita cada vez que el cazador decía algo gracioso.
Por fin llegaron a la cabaña del cazador, era grande, caliente  y olía a chocolate. Tenía una gran mesa de madera en el centro de la cabaña con grandes sillas. Caperucita dejó su cesta y se sentó frente a la ventana de la cocina. Mientras, El Cazador, estaba preparando dos grandes tazas de chocolate.
Caperucita comenzó a jugar con una de sus trenzas, se la metía en la boca, se la mordía y sonreía. El Cazador estaba tan distraído que se quemó con el chocolate, algo que a Caperucita le hizo tanta gracia que no podía parar de reír. Por fin sirvió el chocolate, le dio una taza a Caperucita y otra se la quedó él. Cogió una silla y se sentó muy cerca de Caperucita.
-Está muy rico- dijo ella dándole un sorbo
El le sonrió con una sonrisa de lado.
-¿Qué?- preguntó ella divertida
-Nada- contestó él sonriéndole
-¿Te importa si me quito un zapato?- le preguntó Caperucita fingiendo una cara inocente con dejes de cara divertida.
-Para nada- contestó él divertido - ¿Pero solo uno?
-Sí- contestó ella mientras se lo quitaba -Es que me gusta hacer un juego... - contestó mientras pasaba su pie entre las piernas del cazador - así...- siguió paseando su pie. Primero la pierna derecha, luego la pierna izquierda. Hasta que al final llegó a su sexo. Caperucita tocó el sexo Del Cazador con su pie mientras éste le miraba con los ojos muy abiertos.
-¿Te gusta?- preguntó ella mientras se mordía un dedo y sonreía
-Sí- dijo él casi sin poder hablar.
Caperucita se levantó de la silla y se acercó mucho a El Cazador.
-Voy a coger una cosa- le susurro al oído mientras extendía una mano hasta su cesta
El Cazador asintió débilmente mientras cerraba los ojos, la voz de Caperucita al oído le pareció muy sensual.
Un dolor intenso en la tripa le hizo abrir los ojos. Miro asustado a Caperucita y esta le estaba mirando con los ojos entornados. Intentó levantarse pero no podía moverse. Caperucita le había clavado un cuchillo enorme en el estómago.
-Ahora mismo te estoy desgarrando los intestinos- comentó Caperucita mientras sonreía.
El Cazador quiso contestarle pero no pudo hablar y articuló con sus labios un "hija de puta"
-Soy una niña- comentó ella inocentemente- has intentado aprovecharte de una niña pequeña- dijo con una inocencia fingida
El Cazador cogió fuerza y apartó a Caperucita de una patada y ésta salió disparada contra la mesa, intentó ponerse en pie pero sus fuerzas le fallaban. El suelo estaba lleno de sangre, resbaló y cayó. Los intestinos salieron disparados de su estómago, manchando todo el suelo de la cabaña. Caperucita se pasó una mano por la cara para apartarse las trenzas y se manchó la cara de sangre de El Cazador. Se puso en pie.
-Te diría que no te volvieses a acercar a ninguna chica- acercándose a él- pero no vas a salir vivo de aquí-
Se puso sobre él con su pie descalzo lleno de sangre sobre su espalda. Cogió de los pelos al Cazador, le levantó la cabeza y le rajó el cuello. Una gran mancha negra de sangre lleno todo el suelo de la cabaña.
Caperucita se volvió a poner el zapato, se puso la capucha, guardó el cuchillo en la cesta y salió de la cabaña cerrando la puerta tras de sí. Salió caminando tranquilamente entre risas y volvió al camino del bosque que le llevaría a casa de su abuela.

Dedicado a todas las mujeres bajitas

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