domingo, 14 de agosto de 2011

La vecina de al lado

La vecina de al lado. Sé que algún día podré hablarle sin que me tiemble la voz.
Mi ventana de la cocina da a su ventana del salón y  aunque pueda sonar un poco raro, me dedico a mirarla. Cuando me levanto, ella lleva un rato ya levantada, le gusta ver los informativos matinales sentada en el sofá mientras se bebe una taza de café y come galletas de chocolate. Yo me levanto con mi pijama nuevo (me lo compré especialmente para la ocasión) me preparo mis tostadas con mantequilla y mermelada, con un zumo de naranja, el café me pone nervioso. Y me siento sobre la encimera de la cocina a mirarla por la ventana.

Un día, mientras bajaba la basura, me detuve frente a los buzones de la entrada, y busqué. La busqué. 2ºC .
Mi vecina, la chica de cabellos castaños, grandes ojos marrones, piel blanca y sonrisa radiante ya tenía nombre: Victoria Díaz Navarro. La verdad es que tenía cara de Victoria.

Cuando terminé de desayunar y mientras ella seguía viendo las noticias se me ocurrió buscarla en Facebook.
Victoria Díaz Navarro y allí estaba, con una foto de perfil que perfectamente podía hacerse pasar por una foto de modelo, lo único malo era que tenía su página privada para el público. Pensé en enviarle una invitación de amigo, pero no me veía capaz, puede que ni siquiera sepa quien soy.
Mientras me debatía entre si enviarle la invitación o no,ella ya se había marchado de su casa.

Los días, las semanas, los meses van pasando y mi rutina siempre era la misma. Me imagino cómo es la decoración de su piso, desde el mío sólo puedo ver media parte del salón. Siempre me lo imagino con una decoración típica de película americana. Con colores pasteles, con cuadros de artistas famosos. Como un idilio.
También me gusta imaginar qué tipos de películas le gustan. Muchas veces veo que tiene películas románticas puestas, en las que el chico siempre consigue a la chica después de superar un millón de obstáculos. Pero a veces, me sorprende y veo que tiene puestas películas de cine bélico o películas con explosiones y sangre.
Desde el mes pasado sale a correr todas las mañanas, le cambiaron el turno en el trabajo y antes de desayunar sale a correr. He pensado muchas veces salir a correr también, pero no me da tiempo, llego al trabajo justo todos los días.

Hace poco ocurrió algo que me dejó desconcertado, se llevó a un hombre a su casa, yo estaba que me subía por las paredes, incluso dejé de mirar por la ventana. Pero al cabo de un rato, me asomé y tenían una película puesta, una comedia romántica. Ambos estaban sentado en el sofá, como dos personas normales, sin abrazarse ni nada. Al final de la noche, él se fue no antes sin echarle una manta por encima y darle un beso en la frente. No sabía cómo tomarme eso.
Después de mucho meditarlo, me armé de valor y fui a pedirle un poco de sal, en las películas siempre funcionan. Pero para mi sorpresa no salió tan bien como yo pensaba. Cuando toqué su timbre casi salgo corriendo y me meto en mi piso, pero reuní fuerza y esperé a que me abriera. Cuando abrió me miró con ojos curiosos y yo como un tonto balbuceé algo que al final contenía la palabra sal. Ella al ver el bote que llevaba en la mano, lo cogió y me dijo que ahora volvía. Me dejó en la puerta, tenía la esperanza de entrar a su piso, para verlo por dentro. Pero no, a los dos minutos salió con el bote lleno de sal, me lo dio. Yo le dije gracias y torpemente me fui hasta mi piso.

Pasaron meses y por alguna razón u otra, ya no veía a la chica del piso de alado. Sé que no se había mudado, porque las cartas del buzón las recogía y la casa parecía habitable.
Un día cuando subía en el ascensor alguien paró las puertas y subió. Era Victoria. Victoria con el vestido azul, victoria con los tacones negros, Victoria con unos divertidos rizos que caían sobre sus hombros, Victoria con los labios de color rosa.
Miento si digo que no pensé en parar el ascensor, era mi oportunidad y como siempre la iba a dejar pasar. Pero sin saber como, abrí la boca y como si se tratase de una película de Hollywood, recité el monólogo de mi vida:
No me acuerdo cuando... pero un día, mientras estaba preparándome el desayuno miré hacía tu ventana... simplemente para contemplar el paisaje y te vi. Estabas sentada en el sofá, de esa forma tuya tan característica. Viendo el telediario. Siempre lo haces. Y pensé... te vi y pensé que me gustaría pasar tiempo contigo, que me gustaría invertir minutos en ti... espero que no suene como un autentico pervertido. Pero te conozco. Creo que te conozco. Te gustan las películas románticas y muy pocas veces películas comerciales, te gustan los pintores famosos y creo que te gustan los libros, casi puedo ver una estantería enorme que tienes repletos de ellos. Seguramente te gustará la música Indie y los gatos. Eres... tan perfecta... tan importante para mí.
El ascensor paró, las puertas se abrieron, victoria me miró, me sonrió y entró en su piso. Había hecho el mayor ridículo de mi vida. ¿De dónde coño había sacado ese discurso tan cursi? La había cagado pero bien...
Los días pasaron y yo ya no me atrevía a volver a mirar por la ventana. Salía corriendo de casa por si daba la casualidad de encontrármela. Inspeccionaba los ascensores antes de subir y accionaba el botón rápido. Un día al llegar a casa del trabajo me encontré una nota en el suelo de la entrada:

VICTORIA
  • Yo también sé tu nombre.
  • Me gusta ver las noticias de la mañana para ver cuantos tics nerviosos tienen los presentadores.
  • Me gustan las película de guerra, destrucción y sangre. Las películas románticas me las pongo para dormir.
  • Los cuadros de pintores famosos me los regala mi madre, al igual que todos los libros que llenan la estantería. Yo soy más de comics.
  • Escucho Linkin Parks mientras corro.
  • Me gusta la música Rock.
  • Odio a los gatos.
  • Tengo dos pescaditos que se llaman Olivia y Peter.
Doblo la nota en la mano y sonrío. 



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