Lord Flaherty se encontraba en el establo de su casa, había ordenado a los criados que se marchasen de allí. Él mismo se encargaba del mantenimiento de sus caballos,como él decía,un caballo logra cogerte cariño si tú se lo demuestras primero. Llevaba puesto unos pantalones anchos de color caoba y una camisa de color blanca que descansaba sobre sus piernas. Tenía el torso bañado en sudor.
Con elegancia, Lady Marion se acercó a la puerta del establo. Se quedó allí de pie mirando como Lord Falherty cepillaba las crines de sus caballo. Él, tenía de nombre Rhys Flaherty y ella, Miranda Marion.
-Lady Marion, pase no se quede en la puerta- Por algún extraño motivo Rhys Flaherty se había dado cuenta de que ella estaba en el umbral de la puerta del establo.
Con las manos cruzadas sobre su regazó, Miranda Marion entró con elegancia y lentitud en el establo, cerrando la puerta tras de sí.
Llevaba un hermoso vestido de color azul cielo, con unos finos y pequeños detalles de color rosa. En sus manos llevaba varias joyas incrustadas en anillos y un bonito collar de perlas enzarzado en el cuello. Sus cabellos de color tierra estaban recogidos en un elegante tocado.
-¿Cómo ha sabido que estaba aquí?-Le preguntó Lady Marion desde la distancia
-Relámpago me lo ha dicho-señalando al caballo con la cabeza y poniendo una sonrisa cómplice.
-He venido a darle lo prometido-dijo bajando la cabeza embarazosa
-¿Lo prometido? No sé de qué me habla Lady Marion.-
Rhys Flaherty se acercó a ella, Miranda Marion podía sentir el calor que desprendía su cuerpo después de haber estado haciendo esfuerzo físico. Unas gotas de sudor serpenteaban el torso del hombre, algunas se quedaban atrapadas entre los pocos bellos que éste tenía sobre su pecho. Él le cogió la mano y se la besó.
-Sabes que aquello no fue justo-le dijo él soltándole la mano con delicadeza y haciéndole una reverencia.
-Oh no, mi señor. La reverencia se la hago yo a usted- respondió ella haciéndole una reverencia- Pero para mí, fue completamente justo.
-No dice mucho de mi honor mi Lady. No derroté a un caballero, fue esa... mujer-dijo mujer como si escupiera algo amargo de la boca
Lady Marion se quedó callada y reflexionó la respuesta – Seguro que tendrá su merecido.-
Helenor Milttleton estaba encerrada en una jaula de metal, en mitad de un gran campo. Dos guardias la vigilaban de cerca. Fue condenada por usurpar la identidad de un hombre y de retar a un caballero en duelo.
-El verdugo pronto vendrá y te dará tu merecido.-
-Lo siento, pero no sería justo para vos que la tomara bajo está circunstancias-dijo Rhys Flaherty volviendo a sus quehaceres.
-Como gustéis-hizo una rápida reverencia y se dio la media vuelta para salir del establo.
Se hizo un silencio incómodo hasta que Lady Marion llegó a la puerta del establo para abrirla.
-¡Aguardad Lady Marion!-dijo Rhys Flaherty apresurado -Lo he pensado y... me da igual. Si os da igual a vos podría tomarte aquí mismo-
Lady Marion corrió para reunirse con Lord Flaherty. Sus bocas quedaron a unos escasos centímetros.
-Me entrego a vos Lord Flaherty.- ambos comenzaron a besarse con pasión. La lengua de Lord Flaherty buscaba a la de Lady Marion con ansia. Cuando se encontraron ambas lenguas realizaron un sinuoso baile.
La lengua de Lord Flaherty era caliente y estaba un poquitín áspera. Ella se dejó llevar ya que era nueva en el oficio. Él comenzó a besarla por el cuello y se puso detrás suya. La espalda de Lady Marion pegaba con el torso desnudo de Lord Flaherty. Él seguía besándole por el cuello, mientras sus manos se encargaban del trabajo duro. La mano izquierda permanecía agarrada por las manos de Lady Marion, mientras la mano derecha iba desabrochando el vestido de la mujer. Cuando el vestido de Lady Marion cayó al suelo, esta se dio la vuelta para ponerse cara a cara. Todavía vestía una fina enagua. Rhys Flaherty tenía ya una notable erección, su pantalón dejaba entrever un gran miembro. Él comenzó a desabrochar rápidamente los cordones de la parte superior de la enagua dejando libres dos grandes senos. Hermosos, voluptuosos y con unos grandes pezones de color moreno. Con una sonrisa cómplice acercó su boca a esos pechos, con los dientes y con muchisimo cuidado comenzó a mordisquear los pezones de Miranda Marion, ella ponía una cara que estaba entre la sorpresa y el placer absoluto. Una vez la enagua había desaparecido dejó al descubierto un hermoso cuerpo de una chica virgen. Unos muslos fuertes, un vientre plano, unos graciosos hoyuelos cerca de sus sexo. Ahora le tocaba el turno a Lord Flaherty. Ella se agarró a su cuello mientras él la besaba y se bajaba sus pantalones, dejando al aire su miembro eréctil. Miranda Marion nunca antes había estado delante de un hombre desnudo, no sabía lo que tenía que hacer. Él agarró su mano y la llevó hasta su miembro, mientras le miraba con una enigmática mirada y ella se ruborizaba. Le indicó lo que tenía que hacer, suaves movimientos que deslizaba con fricción su miembro entre sus manos. Automáticamente la cara de Lord Flaherty fue de gozo. Miranda pensó que podía hacer que disfrutara más y ver esa cara aún más enfatizada. Por lo que se agachó, sobre sus rodillas, y pensó que para que él disfrutara más, debería meterse su miembro en la boca. Y así lo hizo, tenía un gusto extraño, no le gustó mucho por lo que duró poco. El miembro de Lord Flaherty estaba caliente, él la levantó del suelo y le dio un largo y profundo beso que bajó hasta sus senos. La tendió sobre un montón de paja en el establo y siguió besando su cuerpo, cada centímetro. En ese momento ella se sitió una mujer muy afortunada. Los besos siguieron hasta su parte más húmeda. Lord Flaherty le abrió sus piernas y sumergió en sus humedades sus labios. No podía creer lo que sentía, le temblaban las piernas y en extraño cosquilleo le recorría el estómago.
-¡Qué hacéis?-preguntó escandalizada mientras se llevaba un dedo a la boca para morderlo.
-Se a puesto de moda en el Norte-dijo él despegando la cara del sexo de ella, a continuación deslizó unos de sus dedos dentro de ella y comenzó a masajear. El cuerpo de Miranda Marion comenzó a convulsionar de placer. La fricción de sus dedos seguía y ella cada vez se retorcía más de placer. Algo extraño ocurrió y ella puso cara de dolor. Él retiró sus dedos y los vio manchados de sangre, sonrió para sus adentros y se limpió los dedos. Al cabo de un rato, él se puso sobre ella. Se miraron un largo rato, se besaron, se quisieron. Y llegó el ansiado momento, con delicadeza su miembro se introdujo dentro de ella. Una increíble presión asustó a Miranda Marion, que intentó moverse, pero él le cogió de las manos con dulzura y la miró a los ojos. Y ya no pudo dar marcha atrás, sintió que le pertenecía para siempre. Esos ojos de color miel, esa sonrisa, esa barba de 3 días. En un impulso ella le dio un mordisco en el labio. Él le miro con sorna y dio una embestida. Ella chilló de placer. Al principio dolía, pero el dolor fue remitiendo dejando paso al placer, un placer que no quería que terminase nunca. Sus piernas se entrelazaron en la espalda de Rhys, el comenzó un mete—saca mucho más fuerte.
-¿Estás ya?-preguntó Lord Flaherty entre jadeos.
-¿Ya? ¿que queréis decir?-preguntó ella ruborizada
él se levantó y volvió a sumergirse en sus sexo, su lengua se movía con la elegancia de una serpiente, recorría la pared húmeda que suponía el sexo de una mujer, ella agarraba de los cabellos a su amante dejándose llevar por la pasión, su respiración comenzó a acelerarse y un cosquilleo apareció en sus partes íntimas. Él volvió a la carga, la besó y volvió a introducirse dentro, una fricción rápida y desenfrena los llevo a ambos al orgasmo. Se les escucharon gritar, gritar de puro placer.
Para ayudar a la imaginación he aquí a:
- Rhys Flaherty
- Miranda Marion
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