Ahí estaban, pensaba que les había dado esquinazo en el Boulevard Bart. La gente radiante y feliz que avanzaba como una plaga. Se ocultó detrás de un edificio de color gris. La frontera de la ciudad estaba a solo 50 metros de él, una carrera rápida y estaría en el bosque.
Pensó que su compañero ya debería de estar allí, no se lo pensó dos veces y comenzó a correr. Sus botas negras le quedaban perfectamente holgadas y podría correr a toda velocidad. La gabardina de color negro ondeaba al viento y su pelo marrón con pequeño rizos se movía hacía atrás. Sujetaba la pistola hacía delante, con las dos manos, justo como le habían enseñado.
Ya podía oír la multitud, le estaban pisando los talones. Entre ellos estaba Laura, la mejor agente de la compañía había sido infectada por la felicidad. Se veía radiante y su pelo rubio estaba más bonito que nunca. -¡Venga Bruno! - gritó de felicidad Laura -No se está tan mal, seremos felices aquí- la multitud no paraba de hablar animada. De reír, de compartir experiencias, de ser amables y de ser felices. Y eso a Bruno le helaba la sangre. Se volvió y estuvo a punto de disparar a Laura a la cabeza, la única forma de matarlos, porque estas criaturas felices no podían sentir el dolor. Pero al final, optó por dispararle a la pierna izquierda. Lo que hizo que ésta cayese al suelo. Mejor acabar así con Laura, prefería no verla tan feliz.
Casi había llegado a la frontera que separaba la ciudad del bosque, normalmente los felices no suelen adentrarse allí, prefieren quedarse en la ciudad donde se reúnen para pasar el rato y ser más felices. Algo aterrador. Bruno saltó y se agarró a la valla, una enorme valla de alambre que separaba la ciudad del bosque. La frontera. Saltó hacía el bosque y rodó sobre sí mismo. Se levantó, cargó la pistola y apuntó al frente. Los felices se iban agolpando contra la valla, confusos se preguntaba que estaba pasando, ninguno se atrevía a escalar la valla como lo había hecho con anterioridad Bruno. Un grupo de ellos hizo un corrillo y comenzaron a hablar. Bruno podía oír risas de felicidad, algo que le removió las entrañas. De repente, todos los felices formaban parte del grupo, algo que a Bruno no le hizo mucha gracia.
Levantó la pistola y disparó hacía arriba, los felices no tuvieron miedo. Es otra de sus cualidades.
Uno de ellos, de piel oscura, se adelantó y comenzó a escalar la valla. Bruno se quedó sorprendido y aterrorizado por partes iguales, no podía creerlo, era un comportamiento completamente nuevo. Le apunto entre medio de las cejas y apretó el gatillo. El cuerpo del feliz cayó al suelo al instante, pero parece que eso no les detuvo. Ya eran varios los que estaban subiendo, primero tres, luego cinco. En nada estarían en el mismo lado que Bruno. Irían a por él y lo harían una persona feliz, sería horrible. Una mano tocó el hombro de Bruno y este pegó un brinco.
-¡Me has asustado!-exclamó apuntando con su pistola a su compañero Sext.
-¿¡Qué haces ahí plantado, Uno!?-le preguntó Sext alterado. Es mayor que él, se le nota las arrugas de la edad en la cara y tiene una cicatriz de media luna debajo del ojo derecho. Su pelo canoso parece de color plateado y tiene unos dientes muy blancos.
-Lo... lo siento- dijo Bruno poniéndose erguido. Ambos se miraron fijamente y comenzaron a correr hacia el interior del bosque. La gente feliz tardó un par de segundos en seguirlos. Corren más rápido que ellos, son felices de estar corriendo. Sext le hizo una seña a Bruno para separarse. Bruno asintió con la cabeza. Decidieron esconderse cada uno detrás de un árbol, Bruno se escondió detrás de una enorme secuoya. Dejó de respirar por la boca y se concentró en hacerlo por la nariz. Es simple, lo hace tranquilo, le han entrado para eso. Preparó su pistola apuntando al frente. Escuchaba los pasos de la gente feliz que se encontraba confusa, habían perdido a su objetivo, pero parece no importarles ya que no paran de reír alegremente. Bruno comenzó a bordear el árbol, lo estaba haciendo con cuidado pegándose al tronco, pero... ¡crack! una rama en el suelo. La gente feliz ya se dirigía hacía él a toda velocidad. Bruno comenzó a disparar... pero ya era tarde. La gente feliz lo tenía rodeado, lo tiraron al suelo y lo aprisionaron. Intentó zafarse pero fue inútil. Comenzaron a darle besos por todo el cuerpo, por la cara, los brazos, las piernas. Son felices. Bruno cerró los ojos y... todo se volvió oscuro.
Cuando los abrió... todo ha cambiado. El cielo estaba más azul, el sol brillaba con más fuerza, la hierba estaba muy verde y... ¡todo tenía más intensidad!
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