-Tú pones las reglas- dice acomodándose en la silla, subiendo con ambas manos la línea de su vestido de flores. Tiene unas rodillas bonitas.
-Nada de gritar- le digo - Los límites los pongo yo. Puedo hacer contigo lo que quiera. Eres mía desde que te has sentado en esa silla- Ella mueve la cabeza mientras se muerde el labio inferior - Usaremos una palabra de seguridad: manzana. Recuérdala- ella vuelve a asentir obediente. -Por último- digo para terminar - te referirás a mí como Uno- Vuelve a asentir.
-Yo me llamo Pau...- la corto antes de que termine de decir su nombre.
-¡No!- grito- nada de nombres- Me levanto - no tengo que referirme a ti con ningún nombre-
Ella se levanta también. Es casi tan alta como yo. Delgada, con unas piernas de infarto, el pelo caoba le cae hacía un lado de la cabeza. Tiene unos labios grandes y bonitos, varias pecas cerca de la nariz y unos grandes ojos de color miel. Es muy guapa.
- A partir de ahora tenemos 11 minutos- ella sonríe y deja su pequeño bolso en la silla. Se me acerca rápidamente y empieza a darme un beso en la boca. Se la ve una chica decidida.
Pero soy yo el que tiene que llevar la iniciativa. No paro de besarla y la conduzco hacía la habitación. Mi cama es grande, con un colchón cómodo y unas sábanas suaves. Le quito el vestido, del tirón. La tiro sobre la cama y ella sonríe. Me quito la camisa rápido y comienzo a besarle el cuello. Tengo sus dos manos sujetas con mi mano izquierda, mientras que con la derecha recorro su cuerpo con caricias. Comienzo a bajar del cuello y me encuentro con su sujetador. Gracias a Dios es de cierre delantero. Se lo quito sin problemas. Sus pechos salen casi disparados, son bonitos, de un tamaño normal. Blancos con unos pezones rosados que me encantan. Comienzo a besarlos, paso mis dientes por ellos y muerdo un poco, pero sólo un poco. Parece que le gusta porque comienza a sonreír suavemente. Está muy delgada, creo que no puedo ver ni un gramo de grasa en su abdomen. Lleva unas braguitas color azul cielo con un pequeño lazo en la parte delantera. Se las voy bajando con cuidado dejando al descubierto su sexo. Es una chica depilada. Introduzco la cabeza en ella. Hago movimientos rápidos con la lengua, parece que le gusta porque no para de moverse, y eso, me encanta. Me lleno la boca de ella y parece encantada.
-Para...- gime - ¡Para!- pero esa no es la palabra de seguridad. Así que sigo, de hecho, aumento la velocidad y hago que empiece a gemir más fuerte. Se lleva las manos a la boca para no gritar. Me encanta ver a una mujer así, tan en contacto con su parte prohibida.
Ahora me toca el turno a mí. Ella se levanta y tiene las mejillas rojas y una sonrisa tonta en la cara. Me mira divertida. Me tumbo en la cama y me dejo hacer. Se sube encima mía, está completamente desnuda, tiene una piel blanca muy bonita y lunares con muchas formas divertidas. Comienza a besar mi pecho, lo tengo depilado, pero ya han comenzado a salir varios pelos. Parece que no le importa. Me sigue besando el pecho.
-Quítame los pantalones- le ordeno. Y lo hace obedientemente con una sonrisa
Tengo el sexo que va a estallar y no me ando con miramientos.
-Quítame los calzoncillos- lo hace tan rápido que mi miembro sale disparado hacia arriba -Chúpamela- le ordeno. Ella sonríe y se agacha. Se mete mi miembro en la boca. Siento el calor saliendo de sus labios y que me recorren de arriba a bajo. Le sujeto el pelo mientras lo hace y la miro hacerlo. Lo hace genial. Así seguimos durante bastante tiempo, me gusta mucho lo que hace y ella parece disfrutar. Pero recuerdo que sólo teníamos 11 minutos.
-Para- le diego y ella se la saca de la boca al instante -túmbate- y lo hace. Me levanto y me acerco al escritorio a por un preservativo. Ella me mira desde la cama impaciente. Me lo pongo y me lanzo a por ella.
Penetración fácil, los dos estamos tan excitados que es todo facilidad. Ella está entregada al máximo y eso hace que me excite más.
-Pásame las manos por el cuello- le digo y ella se muerde el labio y lo hace.
Las embestidas cada vez son más acompasadas, estoy disfrutando como nunca. Creo que son los 11 mejores minutos de mi vida. Espera... ¿Cuánto tiempo ha pasado?
Sólo nos falta un minutos para los 11.
-Tenemos que acabar- le digo, ella me mira extraña.
-¿Por qué? Yo aún...- le corto
-¡No hables! No te lo he pedido- le digo.
No me va a dar tiempo, intento embestir con más fuerza y ella empieza a gemir descontroladamente. Sólo 10 segundos. Venga. 9 segundos. No puedo concentrarme. Ella me mira confusa.
Han pasado los 11 minutos y ella comienza a desaparecer. Es como si nunca hubiera estado allí.
¡Mierda! grito. Me quedo allí, parado, en mitad de la cama. Con la frente perlada en sudor y muy excitado.
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