lunes, 8 de octubre de 2012

Errática

"Errática" susurro en mi mente. Balanceo mis pies hacía delante y hacía atrás, estoy sentada en una silla muy grande y no me llegan al suelo. Soy demasiado bajita para mi edad, mis cabellos pelirrojos descansa sobre mis hombros. Me froto las manos en la tela de la falda gris. Estoy nerviosa, estoy muy nerviosa; no sé cómo van a reaccionar mis padres. Seguro que mi madre montará una escena y mi padre clavará sus ojos oscuros en mí con una mirada de decepción.
Me revuelvo en el asiento incómoda, la silla es de plástico y se me está clavando un tornillo afilado en el muslo.
Sabía que suspendería la prueba, sabía que sería la Errática de mi clase. Que no sería Perfecta.
Ahora ya es una realidad. No sé qué harán conmigo. No sé qué hacen con los que son Erráticos. Una vez una chica de mi clase dijo que los mandan a hacer los peores trabajos inimaginables, aquellos trabajos que nadie quiere pero que mantienen la ciudad en movimiento.
Frunzo el ceño, no quiero pensar en eso. Me llevo la mano a la boca y comienzo a morderme una uña. Escucho pasos por el pasillo y me tenso, esos pasos me resultan familiares. Mis padres.
Primero veo a mi madre con los ojos muy abiertos y las cejas separadas. Luego veo a mi padre, muy alto y muy serio.
-No puede ser- susurra mi madre corriendo hacía mí. Lleva el abrigo de pelo sintético lleno de nieve, ni si quiera me acordaba de que fuera está nevando muy intensamente. -Tú no-. Vuelve a susurrar mientras me coge la cara entre sus manos y me mira profundamente a los ojos -¿qué has hecho?- me pregunta.
No sé qué decirle, me quedo mirando sus ojos azul oscuro y no sé qué contestar, niego con la cabeza. No he hecho nada.
 Encojo los hombros sin saber qué decir y mi madre estalla. Estaba esperando este momento. Mi Perfecta madre echándome en cara lo Errática que soy.
-¡No puedes ser Errática, no puedes!-. Me doy cuenta de que la nieve que traía en el abrigo ya se ha fundido y las pequeñas gotas de agua brillan bajo la luz de la sala. -¡Exijo que te repitan la prueba!- Dice alterada acercándose a la puerta del director y pegando en la puerta -ninguna hija mía va a ser Errática- me mira con reproche y yo bajo la cabeza.
Mi padre aún no ha abierto la boca, lo que me pone más incómoda. Trago saliva y noto cómo me pincha la garganta, llevo un buen rato sin hablar y tengo un nudo enorme.
-Ahora mismo vas a repetir la prueba y más te vale salir Perfecta- me dice mi madre en tono de amenaza. No sé cómo tengo que hacer la prueba para ser Perfecta. Sólo consiste en...
El director abre la puerta y yo interrumpo mis pensamientos. Me pongo de pie, entre mi padre y mi madre, les llego a ambos por debajo de los hombros,  me quedo mirando con cara muy seria al director y espero a que diga algo. Lo que sea.
-Sussi Limon- dice con una sonrisa -pasa-.

-Os explicaré la condición  de Sussi- comenta el Director mientras abre una carpeta de color beige que tiene mi nombre escrito con pulcras letras negras.
Mis padres y yo estamos sentados en su despacho, frente a él, en unas sillas de color marrón muy cómodas. Delante nuestra tenemos la mesa del Director, una gran mesa de roble color oscuro. El Director es bastante joven para su edad, tiene el cabellos corto y peinado hacia el lado con gel fijador, y viste un traje de color gris.
-Sussi es Errática- comenta el Director
-¡Eso no es posible!- A mi madre le ha faltado tiempo para saltar. Muevo los pies y me balanceo en el asiento. Me quiero levantar. Mi madre está demasiado alterada y mi padre no. Son dos polos apuestos. El cabello rizado de color miel de mi madre bota al ritmo en el que ella gesticula. La incipiente calva de mi padre brilla bajo el foco de luz del despacho y su bigote color canela no para de moverse de un lado para otro haciendo muecas con sus labios invisibles. Hace años que oculta sus labios bajo ese bigote.
-Señora Limon, le pido que se calme- le pide el Director a mi madre- Déjeme explicarle la situación-
-¡No!- Se niega mi madre -¡Repítanle la prueba! ¡No!-
-Señora, de Perfecto y Perfecta, déjeme explicarle la situación-. Y ya no para de hablar.
>>¿Qué es un Errático? Antes de nada, los Erráticos no son considerados como nosotros, los Perfectos, son la parte Errática de la humanidad. La parte que falla. Aún no hemos descubierto cuál es ese fallo, pero Sussi lo tiene- comenta con una sonrisa y me mira a los ojos- ¿qué significa eso? Pues significa que tú, Sussi Limon, no serás capaz de amar a nadie. Los Erráticos no pueden amar a otros Erráticos y mucho menos a un Perfecto. Ni qué decir tiene que un Perfecto jamás se fijaría en...- el Director carraspea y prosigue con la explicación-. Los Erráticos son incapaces de sentir las emociones, no pueden sonreír, no pueden cantar y no pueden relacionarse con los demás como hacemos los Perfectos. Pero no es el fin de tu vida querida Sussie Limon. Los Erráticos sois una parte muy importante de nuestras sociedad. A partir de ahora podrás trabajar en el mantenimiento de la ciudad. Vosotros, los Erráticos, hacéis que la ciudad permanezca en constante movimiento y que el sistema fluido de Tierra siga funcionando tan bien hasta ahora. Mantenéis limpias las calles recogiendo la basura y los excesos-. Espera por si tengo algo que replicar pero permanezco callada. - Aunque como en toda sociedad tenemos Erráticos rebeldes. Algunos se rebelan y... no, no, no los matamos. Los expulsamos. Abrimos la valla y los lanzamos al mundo exterior-. Mis padres no dicen nada, de hecho me extraña que mi madre no haya dicho nada en toda la explicación. No quiere una hija Errática y a mí me da igual. -Ahora bien, Sussie, ¿Qué clase de Errática quieres ser tú?-

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