Abrió los ojos y sólo vio oscuridad. Estaba tumbada sobre una especie de camilla. Sus ojos se acostumbraron a la cama y ya pudo ver. No recordaba cómo había llegado allí pero sí sabía que llevaba ya dos días. Se acercó a una especie de máquina expendedora y sacó una barrita energética. Bebió un trago de agua de una pequeña fuente y se puso las botas marrones. Un traje de entrenamiento negro con rallas rojas. Se recogió el pelo oscuro en una trenza y esperó. Movió nerviosa los dedos de los pies en sus cómodas botas. Recordaba que ayer la alarma sonó poco después de despertar. Echó un último vistazo a la estancia por si no volvía nunca más. Ojalá que no vuelva, pensó con todas sus fuerzas. Era como un pequeño cuarto, pero a ella le pareció más una cárcel. Una horrible cárcel.
¡Ya está sonando!
La alarma sonaba a todo volumen y la puerta de la habitación ascendía poco a poco. Ya oía los pasos por el pasillo, un montón de chicos y chicas de su edad ya corrían en busca del portal.
¿Pero cómo habían salido tan rápido? Quizás colándose por la rendija de la puerta. La chica se agachó y se arrastró hasta aparecer en el pasillo. Allí la alarma era aún más estridente y una luz roja iluminaba el pasillo. Miro a izquierda y derecha, y, decidió ir hacía la derecha. Tenía la sensación de que ese era el camino.
Comenzó a correr como alma que lleva el diablo. Esta vez ya iba preparada, ayer cayó en varias trampas que los demás chicos habían preparado. Era una auténtica lucha por llegar primero al portal. No sabía exactamente a dónde conduciría ese portal, pero tenía la firme creencia que la llevaría a casa. Todos tenían esa firme creencia.
Cuando ya creía que ese camino no le conduciría a ninguna parte se encontró con un chico alto y pelirrojo. Él la miró desafiante y ella no le prestó atención. Por el rabillo del ojo vio que el chico se acercaba a ella, y sin dudarlo un segundo, comenzó a correr. Primera intersección, a la derecha, de nuevo a la derecha, esta vez a la izquierda. Seguía oyendo pasos detrás suya y también oía las demás voces de los otros chicos. Todo sería más fácil si el laberinto de pasillos no cambiase de un día para otro. Había decidido hacer el mismo recorrido que ayer, aunque ayer no llegó ni a la mitad del recorrido cuando todo acabó.
Sin darse cuenta y sin poder evitarlo dio de bruces con una chica. Ambas cayeron al suelo, la chica era más alta que ella, con la piel de color marrón, unos grandes ojos marrones y su pelo negro lleno de trencitas.
-¡McKenzie!- dijo el chico pelirrojo que venía pisándole los talones a la chica chica morena de la trenza
-¡Zanahorio!- respondió la chica negra a la que había llamado McKenzie.
Ambos se miraron y sonrieron cómplices. La mano de la chica negra, Mckenzie, salió volando y agarró de la trenza a la chica morena. Ésta gritó asustada.
Zanahorio aprovechó la oportunidad y le propinó una patada en la rodilla.
-¡Intenta correr ahora!- le dijo amenazante con una sádica sonrisa -Intenta correr ahora Cola caballo- Zanahorio miró a McKenzie y ambos rieron.
-¡Es una trenza!- contestó Cola Caballo levantándose de golpe y dándole un empujón a Zanahorio.
Y justo cómo él había dicho no sería capaz de correr, iba dando cojetadas desesperada intentando huir de sus dos atacantes. Iba chocando contra las paredes de metal y tambaleándose por los pasillos.
-¡Te voy a arrancar las trencitas, McKenzie!- oyó Cola Caballo por uno de los pasillos. Pero no era la voz de zanahorio, era la de alguien más. ¿También la estaba persiguiendo?
Sin darse cuenta había llegado a una encrucijada, el pasillo se convertía en una gran habitación ovalada en la que que a su vez confluían en un montón de estrechos pasillos con un portal de color azul al final. ¡Lo había logrado! ¡no podía creérselo! ¿Pero cuál debía atravesar? ¿Llevaban todos al mismo lugar? ¿Volvería a casa?
-¡Ey, Cola Caballo los ha encontrado!- gritó McKenzie emocionada dirigiéndose hacía el pasillo estrecho más cercano.
Zanahorio y un chico con el pelo moreno también aparecieron.
-¡Los he encontrado yo!- se quejó Cola de Caballo
-Intenta detenerme- le contestó McKenzie desafiante. ¿Por qué no? pensó Cola Caballo
Se dejó guiar por un impulso y detuvo a McKenzie agarrándola por el brazo.
-Los he encontrado yo- Le volvió a decir muy seria.
McKenzie se revolvió y se liberó, su mano de color marrón voló hasta la cara blancuzca de Cola Caballo. Ésta la miro con los ojos desorbitados, la cogió por el pelo lleno de trencitas y la tiró al suelo. Se subió encima suya en actitud amenazadora y le propinó un puñetazo en la nariz.
McKenzie se llevó rápidamente la mano a la nariz y se las manchó de sangre. Zanahorio y el chico moreno estaban disfrutando de la pelea como si de una función de circo se tratase.
-¡¡¡Hija de pu...!!!-sus palabras fueron interrumpidas por una sombra rubia muy veloz, una chica de pelo largo pasó corriendo delante de ellas y sin dudarlo ni un momento entró de cabeza a un portal. Todos los demás portales se apagaron. Ella desapareció. Las luces rojas dejaron de ser rojas y pasaron a iluminar con normalidad. La sirena se cayó. El silencio reinaba en la estancia.
-Hija de puta- dijo Zanahorio con la boca abierta. -Nadie lo esperaba de Ruby-
Cola Caballo se había quedado en shock, había perdido, tendría que soportar otro día más en aquel lugar de mierda. Aún estaba montada sobre McKenzie así que se apartó a un lado y se quedó sentada en el suelo.
-Menuda zorra- le dijo ésta mientras se colocaba bien la nariz.
-Debemos cambiarle el nombre- dice Zanahorio entre risas - ¿Qué os parece rompe narices?- casi se ahoga entre risas.
-Cretino- le espetó McKenzie.
Cola Caballo o Rompe narices permaneció sentada en el suelo de la habitación ovalada procesando lo que acababa de pasar. Debía permanecer un día más allí y desde luego debía de tener cuidado con Zanahorio y McKenzie. Quería volver a casa. ¿Dónde habrá ido a parar la chica rubia? Se levantó, se colocó bien la trenza y volvió a su cárcel a prepararse para el día siguiente.
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