Siempre he visto al vida de color gris. El cielo gris, el sol gris, la pared gris, las personas grises. Las caras grises. La vida en tono de grises.
Siempre me he comportado de forma gris. Visto siempre de gris, pantalón gris, jersey gris. Zapatos grises. Tengo el pelo muy corto e incluso juraría que mis ojos son de color gris.
Todos los días me levanto a las 7 de la mañana. Hago mi cama muy pulcramente, una cama con sábanas grises, me ducho. Me visto y me preparo el desayuno. Me pongo la mesa. El plato está perfectamente alineado con el mantel de la mesa. Me echo una taza de café hasta que faltan 3 centímetros para que se desborde. Me unto la tostada con dos cucharadas de mantequilla. Termino y meto los platos en el fregadero. Hago esto todos y cada uno de los días. Vivo una vida gris. Hasta hace poco.
Estoy nervioso esperando en la puerta. Sigue saliendo mucha gente gris pero aún no la he visto a ella, a la chica de rojo. una señora mayor pasea por mi lado y no repara en mi, su pequeño perro se acerca a mis zapatos y levanta la pata derecha para hacer pis. Le miro disgustado y le doy una patada al perro. La señora se sobresalta, es como si me acabara de ver allí plantado. La señora del perro sigue con su camino murmurando algo que no logro entender pero por fin sale, la chica de rojo. La conocí hace varios días en el ascensor.
Iba callado como siempre atento a los botones grises del ascensor cuando entró ella. No trabaja en la misma planta que yo, creo que era de unas oficinas que están varias plantas por debajo de nosotros. Iba sonriendo, sus dientes, grises, contrastaban con el color rojo de sus labios. Estaba preciosa. Vestía el vestido rojo más bonito que nunca he visto. Un vestido que la definía completamente como mujer. Sus rizos pelirrojos, color fuego, le caían graciosamente sobre sus hombros. Incluso llevaba unos tacones rojos y creo recordar que sus ojos, eran de un marrón tan intenso que hasta los vi rojos. Sé que hablo conmigo, no recuerdo qué me dijo porque estaba fascinado por el color rojo. Yo apretaba con fuerza mi maletín gris.
Y así pasaron los días, creo que con el de hoy han sido 4. He coincidido con ella en el ascensor, bajamos juntos pero yo no digo nada. Se abren las puertas en la última planta y ambos salimos. Ella gira hacia la derecha y yo me quedo mirando como se marcha.
Y aquí estoy, creo que es la primera vez que salgo 5 minutos antes de la oficina. Hoy estoy dispuesto a hacer algo más que mirarla simplemente.
Ahí sale, atraviesa las puertas de cristal y desde dónde yo estoy me quedo fascinado con el rojo. Comienzo a caminar y me apresuro un poco. Le digo algo, le digo un "perdona", ella se vuelve y al mirarme es como si mirara a la nada. Sigue su camino taconeando mientras yo me quedo pasmado. Pero algo en mí dice que la siga, que la siga y mire a ver dónde está su casa.
Andamos un par de manzanas y llegamos. Son unos apartamentos grises, como los míos, cruza rápido el paso de peatones y se acerca a su portal. Otra vez la misma sensación me dice que la siga. Tengo que seguirla. Y eso hago, cruzo el paso de peatones gris, llego a su portal y entro por la puerta que aún está abierta. Ella está esperando el ascensor, me acerco rápido y me quedo a su lado. No me mira, parece que está absorta en sus pensamientos. Una luz gris se ilumina y las puertas se abren. Ella entra primero y yo después. Quiero decirle tantas cosas, quiero decirle que aunque no la conozca la quiero. Que quiero estar con ella todo el tiempo, que quiero poseerla y enseñarle mi mundo de grises. Quiero impregnarme de sus rojo.
Llegamos, 4º planta. La chica pelirroja abre la puerta del ascensor y se dirige hacia su piso. 4ºB. Me quedo atrás un poco y espero. No ha reparado en mí en ningún momento. Mete la llave, la gira y entra en casa. Ha cerrado la puerta. Otra vez ese impulso que hace que toque el timbre repetidas veces. No pasa ni medio segundo cuando abre la puerta. Se me queda mirando sorprendida, como si fuera la primera vez que me ve. Como si no quisiera que yo fuera suyo como yo quiero que ella sea mía. Un instinto parecido al anterior, pero algo mucho peor, me empuja dentro de la casa. Ella se asusta y cierra la puerta gris. Una rabia sale de mí. ¿Acaso no se ha fijado ni una sola vez en mí? Si habló conmigo en el ascensor.
La rabia se convierte en fuerza física y acabo con mis manos en su cuello. Es suave, es delicado. Está rojo como ella.
Tengo que limpiarlo todo. Al final la chica se resistió y tuve que cortarle el cuello. Ahora hay rojo por todas partes, incluso en mis manos. Su sangre es tan roja que ilumina a todo lo demás. Puede que me moje en ella para tener algo de color. Pero lo que haré ahora será ordenarlo todo, quizás me lave. No puedo ver esto tan desordenado.
Jolin, pensé que iba a tener un final feliz y me sale jack el destripador.xDD. Todos tenemos esos dias grises q a veces, sin querer se convierten en rojos, los mios digievolucionan al negro.
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