-Hoy- dijo el profesor con una profunda voz - aprenderemos lo que son los abrazos-
Todos los alumnos que componíamos la clase tomábamos apuntes apresuradamente. Todos, chicos y chicas, con el mismo color de uniforme. Color gris, sobre mesas verdes y ladrillos marrones. El profesor vestía una vieja americana marrón con parches en los codos, camisa amarilla y pantalones marrones.
Varias diapositivas se proyectaban sobre una tela blanca, en ellas, aparecían gente. Dos personas interactuando la una con la otra, estiraban sus brazos y los entrelazaban con el cuerpo de la otra persona. Se sentían bien... parecían felices. Todos nos miramos y ninguno quiso decir nada al respecto. El profesor carraspeó y pidió la ayuda de un voluntario. Estábamos en silencio, agachamos cabezas y desviamos miradas. Al final, elegido a dedo, salió un chico, algo bajito y rubio. El profesor le indico que le abrazara, que imitara a la gente de la diapositiva. El chico rubio, algo asustado abrió sus brazos, pero fue el profesor el que le abrazó fuertemente. Tan fuerte que le dejó casi sin aliento. No nos lo podíamos creer, acabábamos de ver un abrazo en directo.
Las demás clases transcurrieron con normalidad, pero había algo que me llamó la atención, desde la ventana que daba al fondo del océano podía ver como los peces guardianes estaban inquietos. No paraban de nadar, de moverse, de allá para acá. Con sus escudos y sus lanzas, dando aletazos y nadando a grandes velocidades.
De repente, la luz comenzó a guiñar y la lampara de araña cayó desde el techo. Todos nos asustamos. El agua comenzó a entrar en la clase, un agua de color azul oscuro. El profesor nos indicó que nos pusiéramos en fila para abandonar la estancia y comenzamos a bajar por la escalera. Una escalera de los mismos ladrillos marrones. Pero algo esperaba al final, algo extraño. Algo gordo y grande, morado y con tentáculos. Con pinzas y colmillos. Algo electrizante. El profesor nos indicó de que no tocáramos el agua, que ese ser podría electrocutarla y moriríamos. Algunos compañeros no oyeron la advertencia y quedaron fritos en una sacudida de ese ser. A través del agua comenzaron a aparecer los peces guardianes, que se enfrentaron a la cosa con tentáculos. Pero no era suficiente, esa criatura iba aumentando de tamaño, la estancia seguía llenándose de agua y casi era imposible mojarse. Sólo unos cuantos alumnos y el profesor quedábamos ya, cuando la criatura con sus poderosos colmillos y sus grandes pinzas nos acorraló contra una esquina, parecía el fin cuando...
Cuando me he despertado.
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