Llevo ya varias semanas siguiéndola.
Su pelo al viento, dorado como el sol, su olor a canela y sus labios
rojos.
Desconozco si sabe que la sigo, si sabe
que me paso las noches tras de si, que no me alimento, que (no) vivo
por poder verla.
Pero me he decidido, total no tengo
nada que perder, tengo más años que ella y sus padres juntos, no
puedo tener miedo a nada.
Me acerco y la miro, con mis ojos
marrones oscuros que en la noche de la ciudad se ven negros, le sonrío
y ella se pregunta quien soy. Se pasa la lengua por los labios y
hablamos, la escucho, me escucha. No quiero utilizar ninguno de mis
dones, quiero que sea real, tan real como se pueda. Entramos a un bar
y pedimos algo para tomar. Lo bebe rápido, casi diría que con
avaricia, pero no me importa, he estado esperando por este momento.
Seguimos hablando, bailamos, y creo que para la 6ª vez que me
sonríe me he enamorado. Salimos del bar, creo que ella va un poco
ebría, y a mí no me ha afectado el alcohol, como es obvio. Me pide
que la lleve a casa y no me niego, pero especifica que quiere ir a la
mía.
Despierto temprano, antes que ella,
nuestros cuerpos están desnudos sobre las sábanas. Menos mal que me
acordé de poner cortinas, ahora mismo estaría achicharrado.
Paseo con mi ojos su cuerpo, intentando
memorizar cada parte, por mínima que sea. Su pelo está hecho un
revoltijo, tiene una orejas bonitas, una nariz respingona y unos ojos
verdes.
No sé exactamente lo que me pasa, pero
estoy más obsesionado que nunca, pero no me entran ganas de
probarla. La noche anterior se comportó como una fiera en la cama,
es una chica con experiencia. Pero esto va más allá de lo sexual,
me cuesta creer que pueda amar a alguien y que no tenga ganas de
morderla.
Ella despierta y me mira. Se me queda
mirando, preguntándose para si, qué clase de hombre soy. Inspecciona mi piel blanca casi fantasmal, mis labios rojos, mis ojos
oscuros, mis dientes afilados y mi pelo engominado. Sonríe, creo que
sabe lo que soy y que la da igual. Vuelve a cerrar los ojos y se
queda dormida muy cerca de mí y yo, como no iba a ser de otra
manera, me dejo hacer.
Hace semanas que no sé nada de ella,
no la encuentro por ningún lado, he intentado calmar mi obsesión pero no lo consigo. Incluso he bebido con avidez sangre de varias
mujeres, pero ella sigue ahí, en alguna parte de mi cuerpo que no es
el corazón, ya que hace años que no late. No puede latir.
He salido todas las noches a buscarla por la ciudad, en bares, discotecas, en todos los rincones, pero no
la he encontrado. ¿Es posible que la tierra se la haya tragado?
Pero cuando ya creía haberla olvidado,
se presenta, en mi casa. De hecho, me la encontre esperando en la
puerta. La dejo pasar, por supuesto. Debería haber recojido un poco,
parece una pozilga. Hay un cuerpo de una joven morena en mitad del
salón, la piel se le ha ablandado y está muy pálida, desconozco
cuando tiempo llevará ahí. Se lo digo, le confirmo lo ella ya
sabía. Le digo que soy un vampiro y me responde con un “Vale”
Lo hacemos, una dos y tres veces, al
cabo de las horas he perdido la cuenta. Es el mejor sexo que he
tenido nunca.
Creo que ha pasado un día entero y no
hemos salido de la cama, en un arrebato de locura, me pide que le
muerda, que chupe su sangre y la soboree. En un primer momento me
niego, pero al final acabo aceptando. Le muero primero en el muslo
derecho y succiono un poquito. La sangre sale caliente y me sabe un
poco salada. A ella parece que le gustan o que le encanta. Me pide
que le muerda en el cuello y acato sus órdenes.
Vuelve a desaparecer, pero esta vez no
la vuelvo a ver hasta 2 meses después. No sé a que juega y esta
agonía me está matando. Curiosa ironía la mía. No sé que hacer
con ella. La quiero, la amo de hecho, pero amo más el odiarla por
tratarme así. La odio, A ella parece que le gusta tenerme ahí, que esté
atento, que le diga cuanto la quiero y que le chupe la sangre. Pero
creo que la voy a matar, la voy a matar y a dejarla seca. Porque
estoy perdiendo la cabeza. Se me olvida beber sangre, me despisto y
me quedo a la luz del sol. Esto tiene que acabar. La próxima vez que
venga le pondré punto y final. Porque va a volver en su inestimada
busquedad de atención.
Y no me equivocaba, aquí está delante mía, como siempre. Ojos bien abiertos, pelo al viento, olor a canela
y sonrisa permanente. Me acerco a ella, empiezo a besarle el cuello.
Ella se desabrocha la camisa y se queda en sujetador. Empiezo a jugar
con su hombro derecho, paso mis colmillos por su lunar en forma de
galleta. Le gusta. Vuelvo a subir mi boca hasta su cuello. Le clavo
mis colmillos sobre la piel, al principio está dura, pero poco a
poco los colmillos se hunden hasta el músculo. Seccionando la
carótida. Ella hace el intento de resistirse, de apartarse de mí,
de correr. Pero creo que en el fondo siempre lo ha sabido. Empiezo a
succionar su sangre, en grandes cantidades, la succiono tan rápido
que me mancho toda la boca. Tengo los labios llenos de sangre y entre
los colmillos restos del músculo del cuello. La dejo seca, muerta, y
cae al suelo, y no respira. No respira, no se mueve, no reacciona, no
se levanta, no hay vida. Sin vida.
Por fin he puesto punto y final a mi
obsesión. Era ella o yo. Y ha sido ella. Me limpio la boca, tengo un
reguero de sangre que me cae por la barbilla. Estoy excitado, siento
mi cuerpo caliente y mi sexo húmedo. Me doy la vuelta, le doy la
espalda a un cuerpo inerte que ya no siginfica nada. Pero, de
repente, ella abre los ojos.
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