Negro, el peor color de todos. Me gusta el negro, no lo voy a negar. De hecho, visto de negro, toda mi ropa es de color negro. Pero no sé, quizás y sólo quizás, estaría bien vestir de blanco. Incluso vestir de morado. Azul, puede, puede que rojo. Rojo rabia. Pero yo voy de negro.
Llego a la oficina, están todos, todos los colores. Nos asignan nuestro trabajo de hoy. Abandonamos el edificio.
Andamos rectos y sin titubear, cada uno sabe dónde tiene que ir. Yo, negro, vestido con una gabardina, un traje, zapatos y maletín negro, tengo que dirigirme a unos pisos cercanos.
Estoy en la puerta de mi objetivo, una puerta de metal pintada con colores que hacen que parezca de madera. Pico el timbre. Al instante abren lo puerta. Estatura media, pelo rubio, flequillo. Pechas, labios finos y ojos marrones, diría que huele a canela. No me ve, pero yo ya estoy dentro.
Llevo bastante rato observándola, es una mujer nerviosa que no para de moverse por toda la casa. No para de mirar el móvil, parece muy frustrada. 26 años, acaba de dejarlo con su novio. Él la engañó con su mejor amiga.
Comienza a llorar y tomo partida, me siento junto a ella en el sofá. Como es obvio, no nota mi presencia.
-Hazlo- le susurro al oído, y puedo notar perfectamente como un escalofrío recorre su cuerpo. -Hazlo y cúlpalo a él por ello.
Se sorbe los mocos y se pasa la mano por la cara para limpiar las lágrimas. Coge el móvil rápidamente y marca un número de teléfono. Nadie responde, lo tira al suelo frustrada mientras comienza a llorar con más fuerza. Va a la cocina y abre el cajón de los cubiertos. Se queda mirando el cajón con los ojos como platos, no aguardo ni un segundo y me coloco detrás. No se atreve, pero ya lo hago yo. Cojo su mano despacio, sin brusquedades y la introduzco en el cajón. Voy a por el cuchillo más afilado, pero ella se asusta, forcejea y al final desisto.
Está preparándose para ducharse. La bañera se llena de agua caliente. Se ha pasado toda la tarde llorando, mirando la tele y llorando. Me pareció algo estúpido, atar de esa manera tu vida a la de otra persona. No poder dormir, no poder comer si no estás con ella. Llegar, incluso, a querer morir.
Comienza a desnudarse, aparto la mirada algo avergonzado. Es extraño, porque no debería sentirme así. El espejo del baño ya está empañado y ella se sumerge en el agua de la bañera, hirviendo, poniendo muecas. En la mano lleva una cuchilla de afeitar, no he tenido que convencerla para ello.
Permanece sumergida bastante rato y ya es cuando yo tomo parte, meto mi mano en la bañera, rozo sus muñecas, son suaves.
Un corte limpio y rápido, por encima de las muñecas y la bañera se ha llenado de sangre antes de que me de cuenta. Pero se asusta, se asusta y se levanta horrorizada. Comienza a llorar horrorizadamente y se enrolla las muñecas con papel higénico.
Está llorando en el sofá, lleva el albornoz puesto. Y yo me estoy quedando sin tiempo, tiene que pasar ya.
Me acerco, susurro, al principio no noto nada pero luego noto que se mueve. Se levanta, con la cara hinchada y mira por balcón.
Es la única solución, le digo.
Y sin créermelo abre la ventana: se incorpora en la barandilla y deja caer su cuerpo.
Oigo un frenazo y el sonido de una alarma del coche.
He acabado.
Oh joder, me ha encantado!!!!!!!!!! :)
ResponderEliminar