Eran más de las 12 de la noche. María y Antonio, novios, volvían de una fiesta de un pueblo cercano a Madrid. Llevaba más de media hora de trayecto. Antonio iba un poco ebrio, por lo que decidió conducir más despacio de lo normal. María por su parte, no sólo iba borracha, si no que esa noche había decidido probar los porros. Por lo que el viaje estaba siendo movidito.
-¡¡Me encanta esta canción!!- gritó María mientras subía el volumen de la radio
-¡María por favor, deja de marear con la radio!- dijo Antonio molesto.
Antonio no veía bien, la bebida le había afectado más de lo normal e iba haciendo eses en la carretera. Por suerte habían decidido tomar una carretera secundaria y aún no se habían encontrado con ningún coche.
-Pero es que me encanta esta canción- le dijo María con una risa tonta.
-María, Radio Futura está muy pasada de moda. Pasadísima. No estamos en los ochenta-
-Pero y tú que sabrás...- María comenzó a reírse de forma descontrolada. Las drogas le estaban causando mucho efecto.
-No te rías así, me pones de los nervios- le dijo Antonio de mala gana.
-Yo no tengo culpa de que no te gusta nada de lo que hago- se quejó ella -No te gusta que me ría, no te gusta que baile, no te gusta lo que cocino. ¿¡Qué coño te gusta!?- le preguntó enfadada
Antonio le dedicó una rápida mirada a ella y luego a su entrepierna.
-¡¡Oh, ni lo sueñes!!- le contestó indignada. -No pienso bajar al pilón.-
-¡Oh vamos! ¿Por qué no?-
-No me gusta comer pollas. Entiéndelo. Si quieres que te la coman te bajas al parque detrás de casa, que por la noche está lleno de maricones y allí seguro que te la comen.- le contestó María otra vez entre risas
-Que desagradable eres...- le dijo su novio y esta vez le siguió las risas.
Volvieron a quedarse en silencio con la música del coche de fondo. Pasaron una curva peligrosa por duras penas y casi se llevan un árbol que sobresalía por delante.
-Pero yo a ti sí te trabajo ahí abajo- le comentó ceñudo.
-Comerse un coño no es lo mismo que comerse una polla. No compares Antonio-
Antonio miró a María con incredulidad en los ojos y luego volvió a mirar a la carretera.
-¿Pero qué sabrás tú de comer coños?- le preguntó desconcertado.
María ahogó una risita nerviosa.
-¿Recuerdas aquél verano que pasé en Benidorm con mi amiga Ainhoa?- le preguntó sonriente.
-Pero... Pero...-
De repente el coche derrapó y se escuchó un fuerte ruido. Era la rueda que se había reventado. Antonio paró el coche de inmediato.
-¿Pero qué pasó exactamente?- volvió a preguntar desconcertado.
-Ay, Antonio se nos acaba de reventar una rueda. Ya tendremos tiempo de hablar de mi incursión en el mundo de los coños-
Ambos bajaron del coche. La rueda que había reventado era la rueda derecha delantera. Había quedado hecha polvo. Antonio fue a mirar en el maletero la rueda de repuesto. Pero no estaba.
-Genial- comentó sarcástico.
-¿Qué pasa ahora?-
-No tenemos rueda de repuesto- dijo dándole una patada de rabia al suelo.
Se habían parado en mitad de un bosque oscuro y que sólo estaba iluminado lo que las luces del coche alumbraban. María se estremeció y se abrazó a si misma.
-Antonio... ¡Antonio!- gritó - Ahí hay alguien- dijo asustada.
Antonio fue corriendo hasta donde estaba María. Una sombra. Una sombra muy alta apareció en el claro del bosque que la luz del coche había iluminado. Era tan oscura como la noche y parecía que la luz no se reflejaba en ella. La Sombra comenzó a moverse. Avanzaba hacia ellos lentamente.
-¡Hola, buenas noches!- le gritó Antonio.
-¿Antonio qué haces?- preguntó María asustada- ¡Nos va a matar!
-¿Pero qué dices? No seas Maribulla- le contestó Antonio desenfadado -Perdone señor, se nos ha reventado una rueda. ¿Usted por casualidad no tendrá una de repuesto?-
-¿Eres tonto?- le dijo María indignada -¿No ves películas de miedo? ¡¡Esa cosa nos va a matar y se comerá nuestros huesos!!-
-Anda no inventes. Si tiene una rueda de repuesto nos ahorramos tener que llamar a la grúa. Lo tengo todo pensado- le dijo con una risita nerviosa.
La sombra comenzó a avanzar más rápido. En cuestión de segundo estaba a unos 10 metros frente a ellos. Seguían si poder ver nada. La sombra no llegaba a tocar el suelo, parecía que estaba levitando. Ambos se quedaron petrificados. No podían moverse, un miedo atroz les invadía el cuerpo. La sombra volvió a moverse y estaba vez se acercó a María. Ésta se quedó embobada mirando y Antonio entró en pánico.
-¡¡María corre!! ¡¡Corre María!!- pero María no se movía
De la sombra salieron unos largos y huesudos brazos de color marrón sucio. Con unos largos y huesudos dedos. María estaba en una especie de trance y no se percató.
Antonio comenzó a retroceder hasta donde estaba el coche.
La sombra cogió entre sus brazos a María y la levantó varios centímetros del suelo. Por fin María se percató de lo que estaba ocurriendo y comenzó a chillar. Gritó como nunca antes había gritado. Estaba pálida de miedo. La Sombra apretó sus huesudos brazos y María comenzó a gritar de dolor. Se escuchó un fuerte ruido, como algo que se parte y el cuerpo de María cayó al suelo inerte.
Antonio abrió los ojos como platos de puro terror. Quiso gritar pero no tenía voz y en un rápido impulso echó a correr y no volvió a mirar atrás.
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