Finalmente Caperucita llegó a la casa de su abuela. Dejó la piel de la Loba y le dijo al pequeño lobo de color blanco que esperase allí. El pequeño lobo comenzó a dar vueltas sobre si mismo y finalmente se acurrucó sobre la piel de su difunta madre. Debería ponerle un nombre pensó Caperucita, pero eso ya lo solucionaría más tarde.
La casa de su abuela olía a comida y estaba caliente. Estaba decorada con cosas de color rosa, muebles, cortinas, alfombras. A Caperucita le parecía muy recargada para la vista.
-¿Abuela?- preguntó Caperucita mientras entraba en la casa -¿Estás en casa?-
Caperucita entró hasta la cocina. Y allí estaba su abuela, ajetreada con el horno. Su abuela era una mujer bajita y rechoncha, con el pelo gris recogido en un gran moño. Llevaba unas grandes gafas redondas apoyadas en su pequeña nariz.
-Sophie- dijo la Abuela dándose la vuelta y mirando a su nieta. Caperucita, o Sophie, estaba hecha todo un estropicio. Tenía toda la ropa manchada de barro y sangre, tenía la cara arañada y los codos raspados. La pierna derecha la llevaba vendada con la capa roja y estaba francamente sucia. La Abuela la miró con el ceño fruncido y se acercó a ella. Caperucita bajó la mirada y la abuela le pegó una buena torta en la cara que resonó en toda la habitación.
-¡¡Mira a qué hora llegas!!- protestó - La cena casi está fría y he tenido que calentar el pavo dos veces- La Abuela no paraba de gesticular con las manos. Caperucita dejó la cesta en la mesa y se sentó en una silla con la cabeza gacha. -¡Y mira cómo te presentas!- Se acercó a ella y la cogió del brazo. Caperucita intentó soltarse pero la Abuela le estaba apretando tan fuerte que le hacía daño. -¿Qué has estado haciendo? ¿¡Eh!?- le preguntó alterada.
-He estado...-
-¡Y mira cómo vienes de sangre! ¿¡Qué te ha pasado en la pierna!?- Caperucita miró su pierna derecha y la escondió detrás de la izquierda. -¡¡Contéstame!!- dijo la Abuela sujetándole la cara con la mano izquierda.
-Nada- contestó Caperucita cerrando los ojos.
Se oyó el sonido de otra torta y el pómulo de Caperucita se puso tan colorado como una manzana
-¿¡Y qué es eso que me has dejado en el porche!? ¡¡Ya te he dicho que no quiero animales en esta casa!!- La Abuela volvió a retirarse y se dirigió hacía la cocina. Mientras seguía hablando de lo irresponsable que era Caperucita y de lo mucho que tenía que reñirle. Caperucita se incorporó, metió la mano en la cesta, tocó el cuchillo y entorno los ojos...
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