Me llamo Nacho y yo y mi amiga Roberta hemos decidido vender marihuana, conseguir dinero e irnos de vacaciones. Estamos en verano y tenemos la intención de conseguir 500 € en 35 días. Necesitamos proveedores, la mercancía y clientes. Vamos al lío:
DÍA 1
Lo hemos decidido, así que esta tarde vamos a acercarnos a los traficantes de nuestro barrio. Se suelen reunir cerca de la parada del autobús, en unos sucios columpios. Hay muchos traficantes aquí. Altos, bajos; gordos, flacos; yonkis de verdad, yonkis a medias; travestis y no travestis. Roberta y yo hemos decidido ir los dos juntos por si podemos pillar algo. Con mis ahorros y los suyos hemos reunido unos 23 €. No creo que podamos comprar gran cosa, pero ya os contaré. Roberta acaba de tocar el timbre.
Tenemos sitio y tenemos material. Todo me ha parecido muy surrealista y Roberta aún más, la verdad no sé donde me he metido cuando acepté esto. Os cuento:
Llegamos a los columpios en muy poco tiempo, nuestras casas están a escasos 5 minutos, además, este barrio no es muy grande que digamos. Al llegar vimos a dos señores sentados en ellos fumando. Roberta dedujo que estaban fumándose un porro y que debíamos actuar como si nos pareciera de lo más normal, total, nos cansaríamos de tratas con ese olor en todos estos días. Fue ella la que habló primero:
-Hola amigos de hierba, venimos buscando material- dijo intentando imitar a la gente de ese mundo.
Los dos señores, que tendrían poco más de 40 años la miraron y siguieron a su rollo. Yo la cogí del brazo y me la llevé a un lado.
-No puedes llegar a sí y pedir marihuana como si tal cosa. Recuerda que es ilegal.- Roberta asintió la cabeza pero creo que no me entendió muy bien.
Pienso que es porque es rubia, una rubia de nacimiento, así que creo que por eso actúa tan impulsivamente.
-Bien señores - dijo acercándose a los hombres - mi amigo y yo estamos buscando marihuana para venderla y sacarnos unos dineros. ¿Con quién hay que hablar para conseguir algo?- preguntó con una sonrisa de loca.
Uno de los hombres la miró con el entrecejo fruncido y tiró una colilla al suelo.
-Mira niña - le dijo - será mejor que dejéis de jugar a los contrabandistas y os valláis casa, aquí no hay nada que os interese-
-Pero es que no lo entiendes- el hombre que había hablado en primer lugar se puso de pie- queremos marihuana para venderla- le explicó Roberta gesticulando con las manos- ¡¡Para venderla!!- dijo gritando
-Perdonad- intervine yo- es que está un poco excitada- dije intentando excusarla para quitar hierro al asunto- Pero estamos buscando eso, además ambos lo comentamos y creemos que este es el mejor lugar para conseguir...- me callé de repente al ver que los dos hombres se enfadaban y el que permanecía sentado se levantó.
-Mirad niños, os doy cero coma para que salgáis corriendo de aquí y no volváis nunca más. ¿entendido?-
-No, no, no- dijo Roberta negando con el dedo- queremos hierba. Ma-rí-a-. Roberta gesticuló con los labios un montón y eso hizo que uno de ellos se enfadara tanto que le lanzó un escupitajo a la cara.
Roberta se escandalizó tanto que comenzó a decir una serie de insultos que pasaban del español a un idioma desconocido.
Yo la cogí del brazo e intenté relajarla para salir corriendo de allí a toda prisa, pero ella seguía con su particular venganza verbal.
-Malditos yonkis de mierda, os ahogaréis en vuestra propia mugre. ¡¡Sabedlo!!-
Eso fue lo que colmó el vaso, agarré la mano de Roberta y empezamos a correr. En realidad ni recuerdo hacía donde corría, pero lo que sí recuerdo es el latido de mi corazón en los oídos y la risa descontrolada de Roberta cuando se pone nerviosa o tiene miedo. Ahora ya sé que si algún día me asesinan será por su culpa, lo tengo muy claro. Los dos señores cuarentones parecían estar en plena forma, algo de lo que no me he alegrado nunca.
-Separémonos- gritó Roberta. La miré con los ojos desorbitados, eso era lo peor que podíamos hacer y por eso lo hizo. Me acordé mucho de su madre en ese momento. Y claro, los yonkis traficantes de marihuana no iba a seguir a la chica que les había estado insultado, no. Empezaron a perseguirme a mí. Y algo curioso de este barrio es que cuando quieres encontrarte a la gente, no la encuentras y si no quieres, las tendrá en cualquier rincón. No había ni un alma. Tomé una de las muchas malas decisiones que me caracterizan, así que acabé en un callejón sin salida. El único callejón sin salida de mi barrio. Los Yonkis/ traficantes/ señores de la marihuana me tenía acorralado. Uno de ellos, el que había estado más callado, el que tenía un bigote gris se acercó a mí y me cogió del... vamos, que me agarró la polla. Entera, así sin miedo.
-Como volváis a aparecer por allí, esto- dijo apretandome más- lo pierdes.
Como es obvio he vuelto a mi casa. Pero no sin antes encontrar a Roberta esperándome en la puerta. Aunque me tenía guardada una sorpresa. La muy puta había ido hasta una herboristeria cercana y para nuestra sorpresa vendían semillas de marihuana. Para uso terapéutico. No sé como ha conseguido estas semillas y la verdad no se lo voy a preguntar. Pero hay una noticia aún mejor, su tía se va todo el verano de vacaciones y Roberta le ha pedido a su madre quedarse al cargo de la casa, y su madre ha aceptado. Su tía tiene un gran sótano que es perfecto para cultivar maría, así que ahora vamos a ir a por las macetas, la tierra y bueno... todo lo demás. Aunque para mí este día ha sido demasiado largo.
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